Queridos sobrinos, les recuerdo que lo prometido se convierte en deuda cuando se trata de escritos, poemas y relatos. Las palabras siempre han sido siempre tinta indeleble. Por ello, tengo el placer de presentar por quinta semana consecutiva, un nuevo artículo en mi sección de los días miércoles, titulado Amores Paulatinos - Cartas Desenamoradas. Dedicado a todas esas personas quienes han degustado la delicia del amor, como también, el amargo sabor del desamor.
Las cartas no son exclusivas del enamorado
con mis palabras que me acompañan,
te demuestran que soy un cobarde,
como aquel lobo que no come la oveja y pasa hambre,
como aquel colibrí que canta sin desaire.
Escribo una carta solemne,
con voces melancólicas y tristes,
acompañada de sátira tras mis pecados,
y las calumnias por el otro lado.
Asevero mis versos al decir que son tuyos,
igualmente espero tu cuerpo sea mi idilio,
como el alma será al cielo,
como la muerte será la vida.
Mátame recitando el mejor escrito que te haya regalado
si todavía no las he terminado.
Dígale que lo siento,
pues en pensamiento estoy condenado,
que no me arrepiento, pero infiero dolor,
como una gota de sangre en péndulo cual reloj.
Si ha de llevarse esta carta, lléveme con ella,
y podré decirle de frente lo que quiero.
Sin miedo ni angustia, donde yo quiero estar
como amigo es el que ayuda,
bien le digo, usted me ayudará.
¡Maldita sea! señor cartero,
usted que se va y yo que no regreso,
déjeme al menos darle mi carta,
que su tiempo también vale,
como el mío que decidí escribir.
Pasando los minutos, el cartero salió de la casa y se posó a ver la tarde, entre un suspiro y otro, caminó hasta la calle...
Se ha ido otra oportunidad,
será hasta mañana, que el cartero vuelva a pasar,
espero tener la carta lista,
y que mi amor no sea vista,
por otro romántico empedernido y chismoso,
que no ha sido llamado a esta algarabía.
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