Basado en una tradición Celta
Kahel no sabía cómo habían sido derrotados. Había pasado meses planificando la conquista de aquella, ciudad maldita para él. Algunos de sus mejores amigos y consejeros habían muerto o desaparecido durante la escalada nocturna. Todo había sido preparado hasta el mínimo detalle. Parecía un plan infalible.
Sin embargo falló.
Kahel estaba absorto en el análisis de lo que había sucedido esa noche cuando entró su capitán.
—Permiso, señor.
—Pase, Capitán, dígame ¿cómo están los hombres?
—Listos para seguir luchando por usted, mi señor. Hasta la muerte o la victoria. Usted sabe que para nosotros es un gran honor seguir al Gran Kahel “El Sabio”, con la esperanza de que al morir, nuestro nombre sea recordado con honor, por haber luchado a su lado.
—No seas condescendiente conmigo, Lukas, nos conocemos desde niños. Háblame claro.
—Como desee. La mayoría tiene la moral bien baja, señor, pero siguen firmes y fieles. En parte entiendo sus pensamientos. Usted nunca había sido derrotado. Hemos atacado a un enemigo aparentemente inferior en cuanto a armamento como a guarnición. Hemos creado planes de ataques que no podían fallar. E independientemente de que los llevamos a cabo, en los últimos cinco, siempre hemos sido derrotados.
—Tú estabas ahí, Lukas, ¿cómo entiendes que hayan sabido que íbamos a entrar por el drenaje y esa noche? ¿Sentiste alguna alarma en la ciudad?
—No, señor.
—Exactamente. Nos estaban esperando. Lo único que se me ocurre es que tenemos un traidor entre nosotros. Le he estado dando vueltas al asunto desde que llegamos. No hay otra solución. Al menos a mí no se me ocurre otra cosa.
—Eso también lo estuve pensando, señor, y…
—¿Tienes alguna idea que quieras compartir conmigo? Habla.
—En nuestra primera derrota, ellos también nos esperaban, señor, lo noté enseguida. Al momento mandé a llamar a mi explorador y me dijeron que no estaba en el campamento. Nunca regresó luego de ese día.
—¿Habrá muerto acaso?
—Si lo hizo, no fue en combate. No era de mis tropas. Solo ejercía de explorador hasta que desapareció sin decir nada.
—¿Por qué no me dijiste nada, Capitán?
—Señor, no tuve pruebas. Si era él, nunca sospeché nada. No tenía idea alguna de nuestros planes. En aquellos momentos, de una manera u otra, muerto o vivo, habíamos salido de él. Además, al final del combate encontramos su cuerpo decapitado. Por eso fue que le pedí que redujéramos al mínimo indispensable el número de asistentes a nuestro consejo de guerra. Y lo redujimos a ocho personas: usted, yo y seis más. Con ellos planificamos el siguiente ataque. Si había alguna otra fuga de información, iba a ser entre los que estábamos ahí reunidos.
—Sin embargo fuimos derrotados otra vez —Kahel se mostró enojado—. Es inaudito. Tú interrogaste a nuestro consejo. ¿Supiste cuál de ellos fue el que filtró el plan?
—No pude interrogar a todos, recuerde que Sallo desapareció el mismo día. Como él no era un guerrero de los que marcan una diferencia entre los demás, no lo notamos hasta que regresamos. Ese día perdimos a buenos hombres.
—Me acuerdo, lo mismo sucedió en nuestro siguiente combate. Ahí fue que pensamos en la posibilidad de que estuvieran secuestrando a nuestro consejo de guerra o comprándolo. Si era esto último, al menos nos queda el consuelo de que los traidores no pudieron recibir su pago antes de morir. Creo que fue un teniente tuyo quien encontró el cuerpo decapitado de Sallo. Nunca llegamos a saber dónde estaba su cabeza. Sigo sin entenderlo, Lukas. Dime qué piensas.
Lukas, había sido su segundo al mando, con el rango de capitán desde los diecinueve años. Sabía que era posible, aunque muy remotamente, que alguien traicionara por la ilusión de las riquezas que el oro ofrecía; sin embargo, cuando apareció el primer decapitado, no creía que otro fuera a repetir la misma insensatez. Debía haber otra respuesta.
—Lo único que se me ocurre, si descartamos la traición —respondió el capitán—, es que sea por ese famoso sacerdote de los Krommos. Nunca lo quise aceptar. Sabes lo que pienso de la magia. No me gusta. Al no encontrar una respuesta lógica a esto, solo me queda abrazar la idea de lo ilógico. Si están comprando a nuestros hombres, no será con el oro que está bañando las tierras de aquellos malditos desde que a ese brujo lo dejaron salir de su torre y comenzó a hacer sus cosas raras. Y si los están interrogando, solo él pudiera quebrar de manera tan rápida a nuestros aliados. No puedo darle otra explicación al asunto de las cabezas cortadas. Puede ser una especie de ritual perverso o sacrificio necesario para su hechicería: al fin y al cabo, eso es lo que es aquel desagradable personaje.
Kahel estuvo callado un momento, pensando en la respuesta de su capitán.
—Sí. He escuchado hace tiempo sobre él. Tienes algo de razón en lo que propones, Lukas. Yo también lo he visto en nuestras incursiones. Siempre está en la cima de la colina de al lado del castillo, o en lo alto de alguna torre. Ahora veo la razón: vigilar su emboscada. No entiendo como ese muchacho, Krommo, pudo liberar a ese hombre. Tiene que ser por él, no puedo creer que nos hayan traicionado.
Su capitán asintió, tranquilo de que el honor de sus soldados se mantuviera intacto. Kahel continuó su teoría.
—Y si les cortan la cabeza es debido a que no hablaron. No hay tortura tan feroz que en tan poco tiempo pudiera hacerlos delatar nuestros planes… por eso los matan. Aún queda la cuestión de cómo pudieron secuestrar a los miembros de mi consejo. Ellos no son soldados, nunca estuvieron cerca de la batalla.
—No puedo responderle, señor, sin embargo me encargaré que Rollo y Zephir estén bien custodiados de ahora en adelante… son los únicos consejeros que no han sido raptados. Pondré a mi guardia personal a sus servicios. No le fallaré.
—Sé que no lo harás. Anda, ve, cumple con tu trabajo. Mañana nos reuniremos.
En el gran salón del palacio, el gran Krommo II festejaba la victoria sobre sus enemigos. Todo era alboroto y bailes a su alrededor. Solo callaron cuando el Gran Mago apareció volando entre ellos. El gran pájaro negro se transformó en un remolino de plumas que dieron lugar al mago al servicio de Krommo II. Los presentes en la sala bajaron la cabeza -más por temor que por respeto- ante la vista de aquel siniestro personaje.
—Oh, qué gran placer que se nos una, Hechicero. Pensé que ibas a disfrutar nuestra victoria en tu habitación. Haciendo lo que sea que haces allá adentro.
El Brujo ignoró el sarcasmo en las palabras de su gobernante.
—El placer es mío, gran Krommo. Y tal como le dije a su padre, le digo a usted, puede ir a ver lo que hago cuando quiera ir. Será mi placer mostrarle mis métodos de interrogación.
—No hace falta, amigo mío. Si mi padre nunca quiso hacerlo fue por algo. Siempre me dijo que no debía acercarme a ti porque realizabas experimentos que iban en contra de la ley de los hombres; y eso iba a virarse en tu contra en cualquier momento. Ahora sé que intentaba apartarme para que no me contaras sobre mi profecía. Al final, solo temía que fuera más importante y grande que él. Mi padre, según tú, fue un hombre valiente y agudo de pensamiento, pero cometió un error al no tenerte a su lado y no confiar en tus sabias palabras, Gran Mago. Ven y toma con nosotros. Te lo has ganado.
El Hechicero sonrió e indicó que levantaran las cabezas a los que aún no conseguían levantar la vista del suelo.
—Sus palabras son sabias y me llenan de gratitud. Mas no he venido a celebrar en este momento. Nuestro enemigo ha sido derrotado, aunque no exterminado. Debemos seguir con nuestro plan y prepararnos para un contraataque, que si mis predicciones son correctas, será pronto. Tenemos que reunirnos, gran Krommo y concretar un plan para exterminarlos de una vez. Una bestia arrinconada es muy peligrosa, mi señor.
—Hoy ganamos, mago, celebra y deja eso para mañana. Aquél ladrón va a estar mañana en el mismo lugar.
—He trabajado muy duro para poder cumplir con mi palabra de hacerlo señor supremo sobre todas las tierras. Has logrado hacer de lo que nadie nunca pudo alardear: vencer a El Sabio. Nadie había estado ni cerca de hacerlo. No obstante, si no me ayuda, el plan se va a la ruina y será derrotado. Hágame caso, por favor, y únase a mí en el salón de reuniones. Será corto tiempo, gran Krommo II.
Y volviendo a transformarse en ave de negras plumas, se alejó volando sin esperar el asentimiento por parte del otro.
—Bien, dime, mago, ¿por qué me llamas con tanta insistencia? ¿Cambió en algo mi futuro? Dime de mi profecía, ¿Se mantiene igual? Dime, Brujo.
—No se preocupe, señor. Nada ha cambiado en su futuro. Mis voces mantienen que usted y yo vamos a reunir todas las tierras y conformar el gran reino del cual usted va a ser Rey y soberano. Nada ha cambiado
—Bueno, entonces ¿qué quieres, Hechicero? ¿Cuál es terrible urgencia que no puede esperar hasta mañana?
—No puede relajarse de esta manera, señor. Sabe que si no tengo prisioneros no puedo saber qué planea Kahel El Sabio.
—Yo no sé para qué preocuparnos por él. Tenemos oro, hemos derrotado incluso a tres de sus banderizos, que mi padre jamás pudo derrotar. Ahora soy temido por todos en el reino. Él no se va a arriesgar a atacarme. Lo he derrotado cinco veces.
—No lo llaman “El Sabio” por gusto. Si no fuera por mi magia, hace rato que estuvieras de rodillas ante él. Recuerda que ni tu padre ni él quisieron atacarse nunca.
—Yo no soy mi padre. Y aquél, tuvo lo que siempre quiso. No puedo creer que ella se fuera con él y abandonara a su marido y a mí.
—Gran Krommo II —interrumpió el mago—, recuérdeme lo que me prometió el día que me llamó para que lo ayudara.
—Está bien, está bien, yo me acuerdo. No tienes que alterarte. ¿Qué te hace falta?
—Necesito que me lo repita, señor.
—Cómo quieras. No sé qué se te ha metido en la cabeza al hablarme de esa manera. Te lo voy a perdonar por ser un día de fiesta y estoy contento. Te dije en ese momento que si me ayudas a conquistar este reino, te daré lo que quieras para tus “experimentos”, siempre y cuando estos sean para ayudarme.
—Exacto. Y hasta ahora ha sido así. Para continuar con mi plan necesito que lleves un animal negro y grande a mi salón, uno que pueda arrastrar o cargar a un hombre.
—Para cuando lo necesitas.
—Si es ahora, mejor, gran Krommo.
El regente soltó una carcajada ante la urgencia del pedido.
—¿Otro animal, y ahora para qué? ¿Qué hiciste con los otros que te traje? ¿Tienes idea de lo difícil que es capturarlos? Para no hablar del tema de encontrarlos.
—Dígame una cosa, señor, le será más fácil entonces secuestrar usted a quienes necesitamos, y ya de paso los interrogaría.
—Podríamos intentarlo. Nada es imposible. Tengo hombres hábiles.
El brujo sonrió ante la inocencia de lo que escuchaba.
—Y podría fallar también. Déjeme a mí y a los animales, que hasta ahora no le hemos fallado. Usted lo único que tiene que hacer es dirigir sus tropas y yo le pondré la victoria en bandeja de plata.
—Mis tropas. No sé cómo te las has arreglado para que mis hombres hallen exactamente lo que necesitas. Me parece que te tienen miedo. Jejejejeje —rio Krommo de manera estrepitosa antes de ver irse al Hechicero—, y los entiendo.
El Gran Mago se fue a su torre y Krommo II se quedó un rato pensando en lo que le habían alertado sobre su enemigo y en la profecía que pesaba sobre él. En especial aquel llamado “El Sabio”. Aquel nombre había llenado su infancia de historias de caballeros, batallas y victorias. Para aquel niño que escuchaba aquellos relatos, todo hombre debía ser como Kahel. Su padre hablaba de aquel personaje como si fuera su igual y no un modelo a seguir. Mientras, su hijo lo miraba y se preguntaba cómo era posible nadie hablara así de su padre. ¿Cómo era que no tuviera anécdotas heroicas al igual que El Sabio?
Nunca lo supo. Sin embargo, él si iba a tenerlas. Ya, incluso, una profecía tenía su nombre. Ni siquiera el héroe de su infancia tenía una. Por eso necesitaba al mago para poder llevarla a cabo. Sin él no se hubiera enterado de ella y no supiera cuál es el camino a seguir y eso le retorcía las entrañas. No soportaba a ese hombre, aunque lo necesitaba para cumplir con su destino y ser algún día recordado como el gran gobernante de todas las tierras. Aquel que derrotó a Kahel y se convirtió en legítimo Rey.
En los pasillos del castillo todo callaban, el único sonido escuchado era el de los pasos de los soldados al correr. Desde las desapariciones de los miembros del consejo de guerra y las derrotas con Krommo, estaban en guardia permanente. Estaba prohibido que saliera alguien solo: siempre debía estar acompañado por otra persona. Órdenes de su señor Kahel, llamado El Sabio.
—No están contentos con esta orden, señor.
—Capitán, usted lo sabe mejor que nadie. Es necesario que la acaten a cabalidad. De esta forma, nos protegemos tanto de las desapariciones misteriosas como de la traición, en caso que exista alguna, y no quiero creer esto último.
—Debe estar preparado, señor. Esa es una opción. Han pasado dos semanas y no hemos tenido ninguna ausencia en nuestras tropas. Los dos miembros del consejo han estado vigilados día y noche desde entonces y no hay señal alguna de que tengan algo que ver con los Krommos; excepto ella, pero eso es otra historia que conoce mejor que nadie.
—Ella es de mi extrema confianza. No tengo duda alguna.
—Yo personalmente me he encargado de las investigaciones. Debemos planificar la próxima batalla. Estamos listos para hacerlo. Una victoria nos levantará el ánimo.
—Tienes razón, como siempre. Mi pueblo… nuestro pueblo, va a estar bien protegidos y guiados por tí el día en que no esté.
Kahel le dio varias palmadas de aprobación en el hombro y se dirigió a la ventana, mirando al horizonte. Siempre acostumbraba hacerlo por las noches antes de dormirse. Aquella vista le recordaba su infancia. De niño, su padre, un gran guerrero, lo colocó en esa torre para que protegiera las tierras que un día iba a heredar.
Y así lo hizo, solo que a los catorce años. Cientos de líderes y jefes de tribus intentaron arrebatarle su herencia. Nadie pudo hacerlo. Siempre estaba vigilante y los veía llegar desde lejos, incluso antes que sus vigías. Hasta que una tarde, a la corta edad de dieciséis, los vio muy tarde. Ese día para salvar el castillo tuvo que explotar una parte del mismo con sus enemigos adentro.
Aquello le dio la gran idea que mantendría sus fronteras y murallas prácticamente impenetrables hasta… ese momento.
Kahel se encontraba absorto en sus memorias, cuando se acordó que su capitán lo esperaba.
—Dentro de una hora vamos a reunirnos. Gracias, Lukas.
—Señor, ¿No cree que podríamos llamar también a otros de confianza para que nos ayuden?
—No. ¿Cómo puedes pedir eso? No hay nadie más en quién pueda confiar en estos momentos. Al menos no como confío en ti. Además, suponiendo que serán como dices, ¿vas a poner su vida en riesgo?, ¿o no recuerdas lo que les pasó a los últimos?
—Disculpe, mi señor.
—No hay nada que disculpar. Anda, ve, mi capitán. Tenemos que planificar una victoria.
Al salir Lukas de la habitación, Kahel se paró a mirar nuevamente su territorio desde la ventana. En medio de una noche oscura como esa, una luz en el horizonte llamó su atención. Al parecer algún espía había intentado cruzar la frontera. Por el momento en su rostro apareció una sonrisa, que al instante se borró. Había que cambiar el plan.
Los miembros del consejo llegaron más tarde al salón de tácticas, y fueron redirigidos por el capitán hasta los aposentos de Kahel. Rollo se encontraba muy contento por aquel honor. En cambio a Zephir, aquella nueva comanda la asustaba.
—Buenas noches tenga usted, mi señor, gracias por recibirnos en sus aposentos.
Rollo siempre hablaba por los dos, cosa que a Zephir le molestaba.
—Buenas noches, señor. ¿Podría decirme la razón por la que lo molestamos en su cámara privada?
—Tú siempre muy directa al asunto. Tu esposo era un hombre muy dichoso de tenerte a su lado. Por esa cualidad fue que personalmente te pedí que estuvieras en mi consejo. No necesito aduladores, sino consejeros que piensen con cabeza propia.
—Gracias, señor, mas mi pregunta se mantiene sin respuesta.
—Exacto, disculpen —dijo Kahel mirando como la luz en el horizonte se iba apagando—. Los he llamado aquí para planificar nuestra victoria contra Krommo. Necesitamos su ayuda.
—Eso quiere decir ¿Qué estaremos fuera de peligro? —se adelantó Rollo— Nosotros, quiero decir.
—Lo que mi señor quiere decir es que necesitamos la victoria definitiva para estar completamente fuera de peligro. Hasta ahora no nos han atacado, aunque nada les impide que lo hagan. Saben que tienen ventaja en estos momentos. También está el asunto de su brujo….
Los dos consejeros se miraron ante la mención de este personaje nunca antes mencionado en sus reuniones. Zephir se adelantó a hablar.
—Señor, exactamente lo que hablan. A mí me habían llegado noticias e historias de este sacerdote. No es uno nuevo como siempre dijeron. Él siempre estuvo ahí. Quien me lo contó fue uno de los sobrevivientes del cambio de poder de Krommo padre a su hijo. Me dijo que el padre nunca permitió que el Hechicero anduviera a su voluntad por el castillo a no ser que lo necesitara. Este era el médico personal de la familia, cuando Krommo padre no podía tener hijos, el Mago lo ayudó. Para realizar su magia dicen que pedía cosas raras… animales muy específicos para sacrificios que no eran ordinarios. Krommo, el padre, lo complacía a veces en sus peticiones. Luego el Mago quería otras cosas más ambiciosas, por eso lo confinaron a su recinto. Por eso se dice que el Hechicero se volvió loco y hablaba solo. Otros dicen que con espíritus que le contaban los secretos del palacio. Que siempre se escuchaban voces que venían de sus aposentos, por eso le pusieron a su recámara/laboratorio “el cuarto de los susurros”. Otro motivo del porqué no le permitía salir de su cuarto, a no ser por una emergencia médica, era que cada vez que salía afuera cuando regresaba a su prisión y cerraba la puerta tras él, alguien faltaba en el castillo.
—Sí —interrumpió Rollo— a mí me llegaron historias como esas. También me dijeron que como no podía salir se convertía en los animales que le entregaban para sacrificios. De esa forma escapaba afuera. Dime ¿cómo tu informante sabe tanto? ¿Ustedes se creen esas historias?
—Es debido a que él estaba dentro del círculo de confianza de Krommo padre y sobrevivió solo porque estaba fuera del pueblo en un encargo del padre cuando este tuvo su “misteriosa” muerte. Dicen que el Brujo estuvo tras ella y que Krommo II está bajo sus hechizos y mentiras. La pregunta entonces es ¿Por qué mencionó usted a ese hombre, capitán?
—Yo voy a investigar más sobre ese brujo ¿Es debido a él que nos han vigilado tanto y nos juntaron en un solo cuarto? —preguntó Rollo— ¿Estamos en peligro?
Lukas miró a Kahel como pidiéndole permiso para hablar libremente. Kahel no lo detuvo y el capitán les explicó todas las sospechas que tenían hasta el momento y la posibilidad que aquel Brujo estuviera tras todas las derrotas hasta el momento recibidas.
—Por eso les pedí que se reunieran conmigo aquí en mi cuarto. Estamos en una torre y sin la posibilidad que alguien nos escuche. Si alguien se entera de nuestro plan, será a través de alguno de ustedes —apuntó Kahel—. Bueno, amigos, sabiendo esto, no queda otra que planificar nuestra victoria. Pero antes, capitán, manda un explorador a nuestras postas en la frontera norte. Que averigüe si ha pasado algo. Ha explotado una mina.
Ambos miembros del consejo se miraron intrigados mientras el capitán salía de la habitación a cumplir la orden.
—Te lo he dicho miles de veces. Tu padre nunca lo atacó, ¿por qué tú quieres hacerlo tan impulsivamente? Ten paciencia.
—Cuida tus maneras de dirigirte a mí. Paciencia tengo, Hechicero, y la voy a perder si me sigues comparando con mi padre. Él era un cobarde.
—Puede ser. Aunque algunos dirían que era muy inteligente. Siempre conoció bien a sus enemigos. ¿Has oído aquello que nadie se acerca a las tierras de Kahel sin que él lo autorice? Yo pensaba que era magia., hasta que hoy lo comprobé. Lo que tu padre me dijo antes era verdad. Son minas. Él lo sabía, por eso nunca lo intentó nada contra él.
—Minas. ¿Cómo sabes que es cierto?
El brujo miró a su señor y sonrió.
—¿De verdad quieres saberlo? Vamos conmigo, joven amo.
—Lo dijiste antes, mi padre fue un hombre inteligente. Si el nunca entró al cuarto de los susurros, fue por algo. Yo no voy a ser el primero en hacerlo. Gracias. Entonces, ¿minas?
—Sí. Miles por todas sus tierras. Voy a necesitar otro animal. Ya utilicé al último para probar esta teoría. Necesito otro para mis experimentos, y esta vez, uno que vuele. Hay que tener paciencia, señor, la victoria está cerca. Ellos están preparando algo, lo sé. Si queremos sorprenderlos, debemos conocer sus planes.
—Prepararé a las tropas.
—Hágalo, pero antes tráigame lo que le pedí: un pájaro negro. Grande. Es lo que necesito para mi sacrificio. Mientras tanto, voy a mi cuarto. Me llama cuando me necesite, señor.
El Hechicero salió del salón mientras Krommo II mandaba a buscar lo que le habían solicitado. El Gran Mago entró a su laboratorio y cerró la puerta detrás de él. Al momento una nube de pequeñas voces comenzó a inundar los pasillos con los susurros que daban nombre a aquella habitación.
Algún día se descubrirán tus mentiras, brujo. Cada vez que entro es lo mismo con ustedes. Cállense y déjenme trabajar. Oh, no. No te saldrás con la tuya esta vez, brujo. Claro que no. Mátenme, por favor. Les dije que se callaran. Si van a decir algo, entonces que sea algo útil, como por ejemplo, cómo me libro de las minas en las tierras de Kahel. ¿Las minas? Morirás, mago, te lo juro. No sé nada de minas. ¿Las descubriste? Nadie sabe cómo salir de ellas. Estás muerto, brujo, si quieres entrar ahí. ¿Y creen que soy tan estúpido de hacerlo? Quiero irme. Cierra la boca, llorón, y pensar que te respetaba en vida. ¿Y si entro volando al castillo? A ver, dime tú que eres nuevo aquí. Se dice que el castillo también está minado. Todos saben que no pueden deambular por él cuando lo ordenan. ¿Por qué? Explotan. Adiós castillo jejejeje. Quiero morir. Ya cállense. Tengo calor. ¿Podemos comer? No, idiota, los muertos no comen. Eso es absurdo. ¿Quién de ustedes me puede ayudar? Yo no quiero hablar, no me preguntes, solo los consejeros. Si tomo agua ¿se me botará? Tengo dientes, puedo comer. Oh, gran brujo, morirás y será una muerte lenta. Cállense de una vez. Te llaman, brujo. Vete, monstruo. Ahora voy a ver a tu hijo jajajajajaja. Vas a morir igual que nosotros. Voy a esperar y algún día te veré junto a mí. Se callan de una vez.
El Gran Mago admiraba el hermoso ejemplar que le llevaron. Exactamente lo que había pedido, cuando fue convocado ante su señor. Planificaron su estrategia de combate y algunos detalles sobre los sacrificios a realizar en la noche. Luego, antes de despedirse, Krommo II se dirigió al mago.
—Dime solo una cosa antes de que te vayas a trabajar, Gran Mago. ¿Estás seguro que ella está allí?
—Está muerta, señor. Recuerde.
—Está allí. Es lo único que me interesa.
—Sí, señor, está allí. Enterrada en el centro del castillo. Tiene enterrada a su madre en el mausoleo junto a sus muertos, como si ella fuera uno de los suyos. Algunas de mis voces me dicen que ella se fue sola, por su voluntad; otras, que fue raptada. Su mismo padre me lo dijo hace tiempo, una vez que le pregunté si ella quería dejarlo. Nunca quiso irse.
—Ella no pudo marcharse y dejarme. Él va a pagar por esto. Gracias, Gran Mago, suerte con tu trabajo esta noche. Tráeme buenas noticias de sangre y muerte en la mañana.
—Recuerde que la única manera de recuperarla es entrando al castillo y para eso necesitamos derrotar a Kahel, solo él conoce el secreto de las minas. Sin ese secreto, tanto el castillo como sus alrededores explotarán junto a nosotros cuando nos acerquemos.
El mago se retiró a su laboratorio. Los susurros corrieron nuevamente por los pasillos junto a los cánticos del Hechicero. El ave sacrificada murió en un chillido. El rojo tiñó las paredes y por la ventana una nube de sangre y plumas salió volando.
En el castillo de Kahel se estaban preparando para el ataque. Hasta el momento no sabían a dónde o a quién iban a atacar, o el cómo… No importaba, mientras su señor estuviera con ellos, había confianza en la victoria, aun, con aquella derrota de semanas atrás. Todos lo tenían como un gran líder.
Estaban preparados para lo que se veía en el horizonte, excepto los dos concejeros, que no querían ser dejados y cerrados en sus aposentos hasta que terminara el combate.
—No podemos quedarnos, señor —le había dicho Rollo al capitán— ayer vi pasar por mi ventana a un pájaro negro enorme y manchado de sangre. Le juro que me miraba.
El capitán miró a la consejera buscando una confirmación a la locura de Rollo. Esta negó con la cabeza.
—No puedes irte con nosotros, Rollo, a no ser que quieras arriesgarte a perder la cabeza o desaparecer al igual que lo hicieron los otros.
—Saben que estamos aquí, ¡sí, Zephir! —gritó asustado el hombre— Sabe que estamos aquí, ese pájaro fue un espía del brujo. Dije que lo iba a investigar y lo hice. No me mires así, no he tomado nada en días. No estaba borracho.
—¿Y qué averiguaste, consejero?
—Nada, señor. Nada, y eso es lo que más me preocupa. Mis más fieles espías. Aquellos que han estado conmigo desde que comencé a trabajar para usted, han desaparecido. Los mandé a investigar al Hechicero y ahora todos se han evaporado. Al parecer es verdad lo que dicen, el Gran Mago está en todas partes. Era imposible que descubrieran a mis espías. Ellos llevaban años encubiertos en diferentes reinos. De alguna forma se enteraron que trabajaban para mí. Lo siento, señor, es que no quiero quedarme solo, sino ir con ustedes. Me siento más seguro de esa manera. Ese pájaro oscuro es un mal presagio, anuncio de muerte.
—Está bien, Rollo, si eso es lo que quieres, entonces vendrán los dos con nosotros y se quedarán en nuestra tienda.
—¿También yo, Señor? Yo no tengo miedo a quedarme.
—También tú, Zephir, me sentiría más cómodo teniéndote a mi lado. Le juré por mi vida a tu esposo que te cuidaría si algo le sucediese.
—Como usted ordene, señor. Si es lo que desea, así lo haré.
—Capitán, en cuanto salgamos ordena activar todas las minas. ¿Revisó que estuvieran bien? Quiero los alambres detonadores conectados.
—Los barriles tienen pólvora seca y cambié el cableado viejo por uno nuevo. Nuestras medidas de seguridad se encuentran en perfecto estado. Mis hombres tienen sus órdenes. Nadie irá a ningún lado sin su permiso.
—Bueno, si todo está listo, vamos. Tenemos a un enemigo que derrotar. Esta vez no nos podrán vencer.
—Están listos, gran Krommo, ¿sus hombres están preparados?
—Están a la espera de mis órdenes, al igual que yo estoy ansioso por que me cuentes qué es lo ideó esta vez el mal llamado Sabio.
—Aún no lo sé, señor, no se desespere. Todavía hay tiempo.
—¿Le pudiste sacar algo a los espías que capturamos?
—Ellos no sabían nada. Lo que pude averiguar por ellos es que saben de mí. Al menos estoy en su centro de atención por el momento.
—¿Cómo saben de ti? ¿Saben lo que haces?
—Nadie sabe lo que hago. Ni siquiera tu padre o madre supieron nunca nada de mis artes. Krommo nunca quiso saberlo. No le gustaba lo que hacía con lo que le pedía. Y me mantuvo alejado de su señora. Dudo que ella haya escuchado alguna vez mi nombre. Solo me vio una vez y estaba drogada para tu concepción.
—Entonces algún seguidor de mi padre les habrá contado.
—No, señor: murieron. Su padre mismo lo confirmó. En su ejército todos son fieles a su causa. Yo mismo los recluté.
—Sí, me acuerdo. Fue mi error. Por eso te crees a veces el jefe de ellos y ellos te tratan como su amo.
—Nada de eso, señor, los hombres solo le responden a usted.
—Bueno, está bien, ¿ahora qué hacemos? Mis enemigos saben de tu existencia. ¿Crees que afecte algo a nuestros planes.
—Sin embargo, no saben qué hago. Además, ni Kahel ni su capitán son amantes a la magia. No creen en ella.
—Aún no sabes por dónde van a atacar, sin ese dato estamos a ciegas. Yo no puedo dirigir un combate de esa manera. Muchos de mis hombres morirán.
—Tenga fe, mi señor y déjeme trabajar. Si quiere ayudarme, ¿por qué no va conmigo? Con usted a mi lado todo va a ir más rápido. Además necesito a alguien que mantenga callada a las voces mientras me concentro.
—¿Por qué no las mandas a callar?
—Solo obedecen a la orden de hablar. Para callarlas hay que volver a matarlas. ¿Me va a ayudar o no?
—No, Gran Mago, discúlpame, prefiero estar con mis hombres dándoles ánimo. ¿Sabes dónde están los consejeros?
—Aún no. Creo que van junto al ejército esta vez. No los vi en el castillo. Permítame retirarme para trabajar. Cuando termine vaya al gran salón.
—¿Cuándo voy a saber que terminaste?
—Oh, gran Krommo, usted va a saberlo. Una última cosa, señor. Necesito doce de sus hombres, vivos, por supuesto, y armados.
—¿De escolta?
—No. Es una cosa que quiero probar.
Los dos consejeros viajaban cómodamente en el carruaje escoltado por la guardia personal del capitán Lukas. El ejército de Kahel se extendía alrededor del vehículo hasta donde alcanzaba la vista. Rollo comía rápidamente mientras Zephir miraba por la ventana hacia donde estaba su comandante.
—No te preocupes, Zephir. Aquí estamos mejor custodiados que en el mismo palacio.
—Nunca me ha gustado salir, eso lo sabes bien. No sé qué fue lo que se te metió en la cabeza con ese cuento del pájaro negro sangrante.
—Oh, no fue un cuento, consejera. Para nada. Fíjate que no había podido comer hasta ahora que me siento seguro.
—Vamos hacia una guerra, Rollo, no creo que sea muy seguro que digamos.
—Nuestro plan no puede fallar. Con tus conocimientos sobre la arquitectura del castillo de Krommo y nuestra estrategia, es imposible fallar.
—Quieran los Dioses que así sea.
—Claro que sí. Mira, hasta me vestí de blanco para agradarles.
Mientras conversaban de esa manera, iban dejando atrás el castillo que desaparecía en el horizonte. Más adelante era territorio de Krommo. De pronto, un sonido de trompeta rompió el acompasado retumbar de la marcha del ejército. Venía de atrás. Reconocieron la alarma del castillo y el sonido de los cañones a lo lejos.
Luego tranquilidad.
—¿Qué fue eso, capitán? ¿Usted lo escuchó también?
—Sí, mi señor. Fueron los cañones del castillo. Pero ya pararon. A juzgar por la distancia, debió de haber ocurrido pocos segundos atrás y fue algo rápido. ¿Qué desea que haga? ¿Mando a alguien a averiguar?
—No. Mantengamos nuestro plan. No es posible que sea un ejército o escalada de Krommo. Hubieran encontrado las minas en su camino. Y ninguna ha sonado. Sea lo que sea, se acabó. Sigamos.
—¿Qué es aquello, mi señor? —preguntó el capitán, viendo la nube oscura que volaba hacia ellos.
—No lo sé. ¡Arqueros! — gritó Kahel.
—¡Arqueros, fuego a voluntad! —ordenó Lukas— Todos a la nube.
A la orden una nube de flechas voló hacia aquella oscuridad que flotaba ahora sobre ellos. Algunas dieron en su objetivo, otras se acercaron. Varios bultos cayeron antes que se alejara un poco. Lukas mandó a que le trajeran lo que se había caído. Momentos después vinieron caballeros arrastrando los objetos caídos. Ambos, Lukas y Kahel, quedaron asombrados al ver a tres hombres vestir los colores de Krommo II. De repente, las trompetas sonaron en la retaguardia.
La nube se acercaba otra vez.
—No están en el castillo, señor.
—Si no están ahí, ¿entonces dónde están los consejeros?
—Están con ellos como les dije. En camino. En un carruaje custodiado por el ejército.
—Entonces, ¿averiguaste algo más?
—No pude, señor, me atacaron antes de que pudiera buscar a alguien más. Nadie anda solo en el castillo. Tuve que irme. No hacía nada útil allí. A fin de cuentas, Kahel está en camino.
—Es gracias a tu inutilidad, Hechicero. Si hubieras hecho igual que lo hiciste antes, nada de esto hubiera pasado, o si me dejaras atacar como y cuando quería hacerlo.
—Hubiera muerto y nunca sabría lo que realmente le ocurrió a su madre. Tampoco tendría las tierras ni el poder que tiene ahora.
—¿Qué vas a hacer ahora? ¿Qué quieres?
—Los hombres que le pedí.
Oh, vas a sacrificar a ocho personas más, Brujo. Buenas plumas. Son las necesarias. Deben de estar al llegar mis reclutas. En cuanto toquen la puerta están muertos. Dejen de brincar de un lado a otro. Estense tranquilos. Muertos. Igual que nosotros. Igual que tú lo estarás. Cállense y déjenme en paz. Quiero morir. Tengo hambre. Ya cállate. Oigo pasos. “Dead man walking”. Váyanse. Ustedes me tienen loco. Estoy al librarme de ustedes de una vez y por todas. Vas a morir, Brujo, pronto. Están tocando. Bien, salgamos otra vez.
Una lluvia de flechas y plumas caía desde la nube oscura. Los arqueros y lanceros de Kahel le disparaban, y la nube cogía altura, saliendo del rango de las saetas. Otras veces las recibía de lleno… pero los bultos dejaron de caer.
—No deja de avanzar, Zephir. Te lo dije, el pájaro negro ha vuelto. Es real. ¿Lo ves?
La consejera miraba a través de la rendija cómo aquella nube volaba sin parar hacia ellos. Oscuridad, plumas y sangre. Descendía en ocasiones y causaba estragos en las tropas del Sabio.
—Kahel nos protegerá, Rollo, tú mismo lo dijiste. Aquí estamos más seguro que en el interior del palacio.
—Nadie nos puede proteger ahora. Es el demonio. Estamos muertos.
Rollo se arrodilló en el piso del carruaje y comenzó a rezar mientras Zephir miraba cómo los hombres de su señor combatían contra aquella cosa negra.
Un grito de ¡Disparen! se escuchó a su lado y vio al capitán junto al carruaje. A la orden le siguió el sonido de las armas de asedio que disparaban unas lanzas de más de tres metros de largo, capaz de atravesar un árbol de lado a lado. Uno de los enormes proyectiles alcanzó a la nube y cuatro bultos más cayeron a diez metros de la carroza. Dos de ellos vivos, comenzaron a disparar flechas, para luego batirse a la espada.
De repente la nube alcanzó al carruaje y la envolvió en su oscuridad. Zephir y Rollo se miraron desesperados antes que la luz desapareciera completamente. Afuera del vehículo se sentía el sonido de las espadas y los gritos de combate y dolor. Alguna que otra flecha fue a clavarse en los costados del carruaje. La puerta del vehículo se abrió de un golpe y una nube de plumas penetró en el interior y embarró las paredes de rojo. Una especie de claridad se hizo, como un pequeño oasis de luz en aquel desierto de oscuridad que los rodeaba. Los ojos de Zephir se detuvieron ante el anciano frente a ella, embarrado de plumas y sangre. Aquella visión la asustó. Mayor miedo aún más cuando el anciano le sonrió y ella reconoció esa sonrisa. El Mago se viró hacia Rollo y ambos desaparecieron con la nube negra.
Krommo estaba ansioso dando vueltas de un lado a otro en el patio cuando un cuerpo cayó del aire a sus pies. Tras recobrarse del susto se decidió a detallarlo. Sus ropas blancas se encontraban manchadas con la sangre que manaba de su cuello, ausente de cabeza. Krommo supo que aquella era la señal de dirigirse al salón y así lo hizo.
—Dame buenas noticias, querido amigo. Dime, ¿habló?
—Todos hablan siempre, señor. Mi hechizo es infalible. Ahora conozco el plan de Kahel.
—¿Y no crees que hablarían mejor con la cabeza sobre los hombros? ¿Y si tenemos que preguntarle algo más?
—No se preocupe, seño; lo que tenía que decir, ya lo dijo. Cualquier otra cosa se le puede preguntar nuevamente. Hay otro asunto que es el que me preocupa y creo que le va a interesar más.
—¿Qué otra cosa es más importante que derrotar a Kahel?
—Su madre, señor. Su madre.
Alrededor del carruaje se veían los rastros del pequeño combate. Ocho hombres de Krommo se encontraban muertos en el suelo. Y las plumas y sangre cubrían casi el perímetro de la batalla. Dentro del vehículo se encontraba Kahel y su consejera.
—Yo lo vi, Kahel. Él estuvo parado frente a mí. Creo que me reconoció. Solo que no sé por qué no me llevó consigo.
—¿Estás segura que era él, Zephir? No tiene lógica.
—Muy segura.
—Capitán —llamó Kahel—. Tenemos que iniciar nuestro plan de emergencia. El ataque ha sido comprometido.
—A sus órdenes, señor.
La consejera miraba a los guerreros sin saber qué sucedía delante de sus ojos.
—¿Otro plan? No entiendo, qué es eso —preguntó.
—Tuvimos que hacerlo después de nuestra reunión, Zephir, en caso que sucediera algo como esto. Lukas y yo construimos una estrategia de emergencia. No podemos continuar con nuestro plan. A estas alturas Rollo debe haber hablado.
—Lo entiendo. ¿Cuál es el plan ahora?
—Lo siento, no puedo decírtelo.
—¿No confías en mí? Pero sí en él.
—Confío en ti con mi vida, mas tengo las de miles de soldados que dependen de mí. No puedo darme el lujo que otro plan fracase. Mis hombres morirán.
—¿Y si algo te pasa?
—Si eso sucede, Lukas sería el siguiente detrás de mí. Asegúrate que suceda. Él los ha estado protegiendo desde hace años.
—Entiendo. Sin embargo…
Kahel supo lo que la hacía dudar, así que decidió interrumpirla.
—Capitán, trae mi armadura. En estos momentos está en marcha el plan de emergencia.
¿Estás vivo aún? Quiero morir. ¿Tengo hambre? Sí. De hoy no pasas, se te ve en el rostro. Ah, sí. Hoy vi a tu mujer con él. ¿Su mujer? Yo tampoco sabía que tuvo mujer. ¿Alguien lo sabía? ¿Cómo era? Te voy a matar, Brujo. Cállense. Cuando esto se acabe las voy a silenciar para siempre. Yo quiero que se acabe. ¿Si tengo dientes puedo comer? Si estaba con él significa que tu plan no va a dar resultado, brujo. Morirás. Tú primero jajajajaja. Ups, ya lo estás. Ríete, que voy a verte llorar. Morir. Muerto estarás. Acércate para que veas. Deja de brincar que no podrás alcanzarme desde ahí. Es inútil que lo intentes. Ni una palabra más nos sacarás. Sabes demasiado. No nos das comida. Hoy vi a tu mujer. El Sabio te derrotará, él sabe. No mencionen a ese hombre en mi presencia. Es una orden. No hace falta, brujo, se ve en tus ojos que le temes. Hay miedo en tu cara. Miedo. Muerte. Terror. ¿No tienen otra cosa más interesante que decirme? Muchas. Solo podemos hablar. Antes hablabas más con nosotros. Antes de llegar él. Tengo tanto que contarte. Y que contarnos. Morirás y lo veré, brujo. Quiero morir. ¿De nuevo? Cállense. Los dejo para que se atormenten entre ustedes. Vas a morir, viejo. Tu familia primero.
—¿¿¿Que mi madre está viva???
—Sí, señor, la vi con mis propios ojos.
—Imbécil, y por qué no la trajiste en lugar de al inútil del consejero. Ella nos hubiera sido de más ayuda. Si no fuera por la profecía. Estuvieras confinado a tu torre. O quién sabe qué.
—No pude traerla, señor, el hechizo solo me permite llevar cierto peso conmigo. Si la sacaba me arriesgaba a que la mataran de un flechazo. Además, ¿no cree que es mejor que no sepan que es tu madre? Es algo a nuestro favor. Si tenemos eso en cuenta…
—Una mierda, mago de tercera. Sabemos dónde están. Cuántos son y por dónde van a atacar. Lo tengo servido en bandeja. Yo mismo voy a asesinarlos y rescatar a mi madre. ¿Quién sabe por lo que debió haber pasado estos años? Es cierto lo que dicen, si quieres que algo se haga bien hecho, hazlo tú mismo.
—No se apresure, señor, lo mejor que puede hacer con sus tropas ahora mismo es…
—No estés diciéndome cómo debo dirigir a mis hombres. No creas que no he visto cómo les hablas o me dices cómo hablarles. Si ellos bajan la cabeza ante ti es por miedo, no por respeto. Oh, sí, lo he visto. No es tu ejército. Es mío. Esto es mi propiedad. Mi destino. Ahora lo veo con claridad, mi padre tuvo razón al no hacerte caso, Hechicero.
—No, señor, jamás ha sido mi intención decirle cómo manejar a sus hombres. Solo que cumpla su profecía al derrotar a Kahel.
—Ni puedes hacerlo, mago, recuerda tu posición.
Y diciendo esto exigió que el Hechicero le contara lo que sabía sobre los planes de Kahel. Acto seguido se dirigió a su ejército y los incitó a la batalla. Les contó de cómo su madre había sido secuestrada y hecha prisionera durante años y preguntó quién lo ayudaría a ir a salvarla.
Un grito de guerra respondió a su llamado y el ejército salió al combate.
Desde la ventana de la torre del castillo, el Gran Mago vio cómo su plan iba tomando forma. Krommo dirigía su ejército hacia lo que prometía ser su última batalla. Solo quedaba el eterno problema que representaba Kahel El Sabio, el Indestructible, el Inexpugnable o como quiera que lo llamaran a través de los años, él, su capitán, su maldito ejército y sus malditas minas por el territorio. Todos se entrometían en sus planes de conquista y poder. En esos momentos El Sabio debería de estar retirando sus tropas de vuelta al castillo, donde sería imposible matarlo y, mucho menos, conquistar su fortaleza. Solo había una forma de resolverlo de una sola vez. Por el momento tenía que seguir utilizando al inútil de Krommo II.
Se dio cuenta de quién eres. Cállate, mi plan se está desarrollando según lo pensado. ¿Se dio cuenta? No puede haberlo hecho. Claro que no. Déjenme pensar. Estás en el límite. Quiero morir. ¿Tengo hambre? ¿Van a matar a Kahel? Él se debe estar retirando a su castillo. Krommo descubrió tu mentira. ¿Cuál? La de la profecía. Cállate. Si lo mata, tras él irás tú. Por eso tien que morir tu hijo. Tengo hambre, acércate. Sin embargo no puede ser por mi mano. Perdiste, Brujo, una vez dentro del castillo será intocable. ¿Y si muere? El Sabio es invencible. No podré hacer nada. No serás nunca el señor de estas tierras. Vuelves a cero, Mago. Ya lo vencí una vez. No puedes hacerlo. Tienes que derrotarlo. Tienes que morir. Te van a matar. Cállense. Tu plan se jode, anciano. Cierra la boca. Vas a explotar. El castillo estallará. ¡Lo sé! Voy a impedirlo.
Se dirigió a la ventana y envuelto en una nube de plumas y sangre salió volando.
El ejército de Kahel se encontraba marchando de vuelta a protegerse tras sus murallas. Al frente del ejército marchaba su líder con la armadura negra y el alto penacho dando órdenes a los que cabalgaban a su lado. Súbitamente fueron embestidos por uno de los flancos. Los cuernos de combate sonaron avisando del ataque. Al instante las órdenes fueron dadas y el caballero de la armadura negra se dirigió al centro de su ejército.
Mientras tanto, Krommo II dirigió su ataque hacia el carruaje de la que le había hablado el Hechicero. Se abrió paso a fuerza de espada y muerte. Cuando estuvo cerca sonaron nuevamente los cuernos. Otro ataque se producía al mismo tiempo. Este no era orquestado por su mano, sino por una nube negra que al igual que él se dirigía hacia el vehículo. Krommo iba a dejar que el mago hiciera el trabajo por él, cuando en eso vio que un hombre de armadura negra como la noche se introducía, espada en mano, en la carroza. De inmediato reanudó su carrera hacia donde debía de estar su madre, en un último intento de salvarla.
—¿Estás bien, Zephir?
—Yo estoy bien… ¿y…?
—Él estará bien. Ahora debemos irnos de aquí. En cualquier instante pueden descubrirnos y destruirían nuestros planes.
—¿Cómo puedes hacer esto?
—¿Qué cosa?
—Dejar todo atrás.
—No es fácil, pero es lo que debe hacerse. Es la única manera de derrotar al brujo y a Krommo definitivamente. Y así honrar a mi comandante y amigo.
Krommo llegó al mismo momento en que la oscuridad y plumas cubrieron el carruaje. Una vez dentro se hallaron frente al caballero de la armadura oscura. Ambos lo miraron y empuñaron sus armas. El caballero se quitó el casco y mostró su rostro. Krommo se mostró sorprendido al ver quién era. Una sonrisa de alivio apareció en los labios del mago.
—¿Dónde está mi madre, Kahel? Sé que la tienes prisionera aquí.
—Jamás ha sido mi prisionera —dijo tranquilamente el Sabio mientras tanteaba su espada al costado. El mago lo observaba detenidamente—. Si no me crees pregúntale a ese a tu lado. Él fue la causa de que la alejaran de tu lado en contra de su voluntad. Nunca quiso dejarte. Fue tu padre quien lo hizo para protegerla.
—¿Es cierto eso, mago? —preguntó a la vez que apretaba con rabia la empuñadura de su arma.
—Muy cierto, mi señor, no tiene sentido que lo oculte. Al parecer la verdad ha salido a la luz. Su madre no recuerda nada debido a una de mis drogas. Ella descubrió, aún no sé cómo, mis planes de adueñarme de todas estas tierras.
El brujo hizo una pausa para calcular sus próximas palabras y anticipar la reacción del joven guerrero antes de seguir su relato.
—Debió haberme escuchado mientras trataba de convencer a tu padre de hacer lo mismo que tú has estado haciendo. Cuando tu padre decidió que yo era muy peligroso para la paz de sus tierras, decidió asesinarme. Uno de los consejeros de él me lo dijo… aunque tuve que matarlo antes y de esa manera me dio tiempo a asesinar a tu padre. Tu madre había escapado cuando aquello sucedió. Nunca supe dónde estaba.
—No es cierto… —trató de intervenir Kahel, pero el joven no lo escuchó.
—Traidor, ¿dónde está mi madre? —gritó Krommo mientras lanzaba un espadazo al anciano que se desvanecía en una nube de plumas y sangre. Mientras tanto Kahel levantaba una alfombra que escondía a un barril de pólvora. Cuando Krommo se dio cuenta trató de huir pero la puerta se encontraba cerrada. Todo fue en un instante.
Kahel activó la mecha.
El Gran Mago volaba hacia él, espada en mano.
Krommo rompía la ventana.
El carruaje voló hecha pedazos por los aires.
A lo lejos, dos sombras se adentraban al castillo por un pasadizo secreto.
Mientras en la distancia se escuchaban explosiones y el clamor de los metales chocando unos con otros. La sombra llegaba a la torre. Dejaba a su paso una huella de plumas y sangre. En su mano izquierda llevaba agarrada por los pelos una cabeza cercenada. Al empujar la puerta, las voces comenzaron a hablar todas a la vez.
Lo ha conseguido. No puede ser. Quiero morir. Cállense. Está muerto. No puede ser. Vas a morir, Brujo. Tú y él primero.
Una vez dentro colocó la cabeza en el centro de una mesa grabada con círculos y signos mágicos. Comenzó a decir un salmo en una lengua desconocida y de repente su trofeo ensangrentado cobró vida nuevamente.
—Bienvenido de vuelta, Khael. Me costó bastante trabajo atraparte y por poco no lo logro, mira —le dijo señalándole hacia donde debía haber estado su brazo derecho—. También perdí un poco de pelo… eso no importa, teniendo en cuenta lo que gané.
—No sé qué habrás ganado, brujo, a mí no me sacarás nada. Nunca governarás estas tierras, si mes que esos son tus planes.
Oh, sí hablarás. Todos hablan. Escúchalos bien, Kahel. No le digas nada. Brujo de mierda. Igual morirás. Cállense.
—Eso te crees tú. Mira a tu alrededor, han hablado, y ahora no se callan. ¡Cierren la boca un minuto! No ven que tenemos un invitado especial. Perdónalos, cada vez que esa puerta se abre, todas comienzan a hablar y a dar brinco de un lado a otro. Pronto serás como ellos uno más de mi colección.
—Nunca me harás hablar, Brujo. Y aun así, de nada te servirá lo que te diga. Krommo está muerto, no tienes ningún ejército que te respalde.
La profecía está rota, brujo. Yo controlo mi futuro, inútiles. Tengo hambre. Yo también, cállate.
—Oh, te equivocas —continuó la conversación con Kahel—, Krommo solo era un títere. Siempre fueron mis hombres y los que no…. Tú mejor que nadie sabes la fuerza que tiene una idea. Krommo muerto por tus manos y la madre de él secuestrada por ti. Yo… apenas escapé de tus trampas. Krommo será tu víctima y yo un héroe. Tú, un asesino. Me seguirán. Eso es seguro. Ahora, dime lo que sabes sobre cómo entrar al castillo.
Kahel trató de mantenerse callado, sin embargo, la fuerza del hechizo era más fuerte que su voluntad e hizo que hablara y de sus labios salió solo la verdad.
—Tienes que desactivar el campo minado y una vez dentro del castillo, desconectar las bombas interiores.
—Y ¿Cómo se hace eso?
—No sé.
No digas nada, trata de aguantar. Es por gusto, lo saben bien. Te mataré, brujo. Se callan o me los comeré a ustedes.
—¡Habla! —gritó el mago y luego se volvió a repetir el salmo una y otra vez. Kahel solo repetía las dos palabras, a modo de mantra NO SÉ.
De pronto las cabezas comenzaron a hablar también. El Hechicero, ignorándolas, llegó a convencerse que su magia estaba bien y reformuló su pregunta.
—Si no sabes cómo, entonces dime ¿quién me puede decir?
—Ese que está parado detrás de ti. ¡Dispara!
El Hechicero no tuvo tiempo de virarse. Ante aquella orden recibida de su líder, el capitán, que había sido guiado por Zephir hasta el cuarto de los susurros. Ambos se quedaron por un instante paralizados ante la vista visto aquella colección de rostros parlantes que les dieron la bienvenida saltando de una vez desde las paredes de la habitación.
En un segundo apuntó con su ballesta hacia la cabeza del mago y la flecha voló directo a su destino con el tiempo justo para que el brujo la detuviera con su único brazo. No obstante, el impacto lo hizo tropezar y caer sobre la mesa. Al verlo a su lado, la cabeza del Sabio rodó hasta el cuello del brujo y encajó sus dientes con toda su fuerza. El brujo no pudo quitárselo de encima, pues la saeta lanzada por Lukas le había dañado los tendones del brazo. Este iba a auxiliar a su amigo, cuando una ola de cabezas parlantes se le adelantaron dando saltos y ruedos hasta llegar al cuerpo del Hechicero y terminar lo que el famoso líder había iniciado.
Zephir, que se había quedado detrás, veía cómo Kahel le regalaba una sangrienta sonrisad e triunfo a pesar de su ausencia corpórea y observaba cómo el Hechicero caía casi sin vida al suelo. El resto de las cabezas poco a poco se comenzaron a silenciar a medida que el alma del brujo dejaba su cuerpo. Rápidamente, la amada esposa se dirigió hacia donde se encontraba comiendo la cabeza de su antiguo esposo y de esa forma pudo escuchar, entre mordida y mordida, sus palabras de despedida.
