¡Oh! Concurrida plaza de mi ciudad
cómo te han dejado desolada
personas sin raciocinio han intentando asesinarte
poco aliento queda en ti
pero yo me aferro a la esperanza
Al verte no hago otra cosa que gemir de tristeza
recuerdo con cariño las tardes que jugué sobre ti
eran tantas las personas que te visitaban
que difícil era encontrar un banquito donde sentarse
Muchas veces fuiste anfitriona de grandes multitudes
las risas de los niños te acompañaban
los frondosos árboles te cobijaban
los comerciantes te agradecían tu generosa hospitalidad
Hoy el silencio y la soledad se han apoderado de ti
ni siquiera un ligero susurro puedes escuchar
pero no te asustes querida plaza
esos maravillosos y agradables momentos volverán
los tocones de los árboles crecerán y volverán a cobijarte
muchos nos avocaremos a restaurarte
te retribuiremos todo lo grandioso que nos brindaste
porque no hemos dejado de amarte