En estos primeros días que voy desarrollando mi nueva dinámica de trabajo en la que solo me dedico a avanzar en la escritura de mi novela, me pareció oportuno rescatar algunas cosas que hacen referencia a la forma de trabajar de un escritor. Poco a poco uno va encontrando su propio estilo, su propia dinámica y metodología. Y algunos mitos o verdades sobre Ernest Hemingway y su trabajo me gustan.
Lo veo en dos sentidos, en la forma y en el fondo del oficio de la escritura como novelista. En lo que se refiere a la forma, es decir, a los hábitos y al día a día; me atrae la idea de que el autor tenía la costumbre de vivir en hoteles, levantarse muy temprano y estar frente a la máquina de escribir para avanzar en sus páginas. Por las tardes se dedicaba a leer y caminar. Le gustaba mucho nadar.
Me gusta la idea de no tener prisa, de levantarse con la única idea en mente de avanzar en la redacción de la novela. Empezaré a viajar un poco y escribir en lugares donde me sienta cómodo. A diferencia de escribir en máquina como lo hacía Ernest Hemingway, lo haré, claro está, desde una laptop. Solo habrá (hay) una pequeña diferencia. A mí me gusta escribir en las noches.
No es que me amanezca escribiendo. Le dedico un par de horas antes de acostarme a dormir, cuando todo está en calma y ponerme a plasmar en palabras las ideas que durante todo el día sopesé. Eso es lo que hago desde que inicié este proyecto, caminar, tomar café, pensar, ver películas y leer. De manera paralela armar mentalmente los textos. Al llegar la noche lo plasmo en mi laptop.
Hasta aquí tratamos el tema formal. Otra cosa es el tema del fondo, es decir, del trabajo mismo de la novela y en consecuencia, de la forma de escribir. Esas son palabras mayores. Ernest Hemingway fue un hombre que siempre se exigió a sí mismo, afortunadamente eso dio como resultado excelentes historias. Yo, como aprendiz novato aún estoy ejercitando el margen posible de exigencia máxima. Estoy tratando de descubrir el nivel máximo de mis capacidades literarias. Creo que lo primero que debo hacer es romper con mi molde filosófico.
Yo más que literato, soy filósofo. Bueno, al menos en lo que concierne a los estudios que realicé, así lo estipulan. Yo estudié filosofía, no literatura. Por supuesto que eso no garantiza la posibilidad de que uno sea escritor por ello, hay muchas variables en juego. Lo que si debo reconocer es que el manejo de las ideas se asemeja más a un ejercicio de argumentación que de manejo de imágenes.
Mi lenguaje resulta por ello abstracto. Les confieso algo, sospecho que más que por mi formación filosófica es por mi incapacidad de plasmar una historia literaria digna de leerse. Esto es por mi incapacidad intelectual y limitaciones creativas. Eso sí, me estoy esforzando mucho. Lo bueno es que mi musa está en mi rescate, ella está escribiendo la novela y Yo, me dejo crecer la barba.
El escritor Ernest Hemingway es una fuente de inspiración para mí. Trato de encontrar en las lecturas de sus historias la manera de desentrañar cómo ir construyendo una trama. He descubierto que se debe de evitar al máximo palabras que sobren. Por ello hay que leer varias veces el texto y corregirlo hasta que resulte otro texto, ¿por qué no?
Otra cosa, evitar las palabras rimbombantes y sobre todo, evitar lo que a muchos escritores novatos nos pasa; evitar los llamados “circunloquios”. Creo que en esto último voy mejorando. Por supuesto que habrá que perfeccionarlo. Por lo pronto, a revisar qué lugares serían idóneos para “encontrar inspiración”. Y lo más importante, escribir, escribir y escribir.