Una vez más, me encuentro con el reto de explicar y/o educar a mis familiares y seres que me rodean. La primera vez fue cuando anuncié de manera discrecional (sin bombo y platillo), que iba a estudiar y dedicarme a la filosofía en el momento en que tendría que entrar a la universidad. Fue desilusionante para muchos de mis allegados.
Ahora me encuentro en una segunda conquista de ideas, anunciarles (en este caso, no de manera discrecional), algo que les beneficiará directamente y de manera importante en una delas áreas en las que tienen demasiada atención; las finanzas personales. Me encuentro en un peregrinaje evangelizador respecto al mundo de las criptomonedas.
Se resisten a acompañarme en ese recorrido democrático de los ingresos que ofrecen las criptomonedas como un área de oportunidad para tener mejores ingresos y, en teoría, mejor calidad de vida. Aun cuando les he mostrado evidencias de que se puede comprar cosas con bitcoin, por mencionar una de las más consolidadas criptomonedas; les suena a utopía.
No entiendo cómo es que se resisten a esa idea de la felicidad, a partir de la premisa de que con mejores ingresos, lo serán. No entiendo por qué sus paradigmas son demasiado infranqueables en este momento en que las evidencias auguran que las criptomonedas llegaron para quedarse. Esto ya no es una utopía, ni siquiera una moda; es una contundente realidad.
Lo que más me apasiona de este fenómeno es que con inteligencia creativa puede uno encontrar áreas de oportunidad que le permitan generar ingresos a partir de las criptomonedas. Hasta para uno como filósofo. Así es. Por ejemplo, a uno que le estimula la reflexión y busca expresarse, encuentra el proyecto Steemit y todavía lo recompensan monetariamente. ¡Vivo de esto!
Existen otras opciones, por supuesto. Si uno no desea crear un blog y monetizar con las ideas que plasma en escrito como en mi caso con Steemit, está la posibilidad de ser inversor en algunas compañías. Incluso dedicarse a lo que es el llamado trading. En fin. Buscando en la red uno encontrará muchas opciones; hasta fraudes, hay que señalarlo.
La pregunta es: ¿hasta cuándo durará este proceso evangelizador tanto de mi parte como de la comunidad que ha aceptado las criptomonedas como forma de vida? Sin duda esto es, como en todo evento histórico, parte de un cambio gradual de ideas y acciones que afectan directamente la vida política, económica, jurídica, social y cultural.
Debe uno ser partícipe de ese proceso evangelizador. Además, se está frente a un área de oportunidad sin precedentes. Si nos apegamos estrictamente a un criterio de evaluación, y sea este el rublo del ingreso personal; desde mi propia experiencia, jamás había generado tanto ingreso como con las criptomonedas en comparación a otras áreas económicas.
Seguiré insistiendo en este compromiso evangelizador hasta que las personas vivan esta experiencia de tener más tranquilidad financiera. El gran reto es ahora, no solo predicar la noticia de esta oportunidad sino que se eduquen y tengan acceso a equipos de cómputo e Internet. En mi comunidad muchos aún no tienen ese beneficio.
Mucho por hacer, así que manos a la obra.