Esteemitas, comparto con ustedes mi participación en la cuarta semana del Concurso de Microrrelatos de Terror #MicroTerror256, organizado por @trenZ (si quieres participar, y te recomiendo que te atrevas a hacerlo, puedes ver las bases aquí).
El tema de esta semana es el ente; tema particularmente retador pues la prueba que, a mi juicio, se debe superar es no sacar a esa entidad de su entidad, es decir, de su ser cosa innominada o cosa que puede ser cualquier cosa profundamente aterradora y maligna.
Hice mi tarea, he parado este relato sobre sus pies y lo dejo ir. Ahora queda su lectura para otros ojos, que es la forma en que las historias se prueban.
Gracias por acompañarme.
EL POZO
Ayer mi padre cazó una rata para la cosa del pozo.
Mi madre está asustada, pero dice que solo tenemos que ser cuidadosos y alimentarla. No le creo. La cosa engulló hasta la vara donde colgamos la rata flaca que le ofrecimos. Terminará por escalar el muro.
Los ancianos mandaron a sellar el pozo y tocar tambores de destierro para los demonios. No funciona. Lo saben, pero no lo aceptan.
Con los días, mi madre enloquece. Sueña que la cosa es un ángel. Canta, alabándola. Nadie entiende.
Los cazadores descubrieron un enjambre de esas cosas detrás de las dunas. Retornaron con las manos vacías, preocupados. Queda poca comida.
El pequeño Fugit desapareció. También Andara y Mitu.
La cosa me habló: hace que tenga pensamientos sobre Qura que me avergüenzan. Que sea ciega me hace sentir mal...
Los vecinos susurran. Sospechan que Legora tiró su bebé a nuestro pozo. La vi acercarse allí temprano. Sola. Más tarde se colgó de una viga de su granero.
(¿Esa cosa también le habló a Legora?)
Tomé a Qura sobre el pajar de Legora.
Sangraba. Lloraba. Mi semen quemó sus piernas.
Los ancianos la purificaron anoche en el río. No sobrevivió.
Madre canta junto al pozo. No soporto su voz.
Los hombres incendiaron nuestro pozo con brea y azufre. Quemaron nuestra casa. Mi padre pereció en el fuego. Luego hicieron una batida por las dunas. Ninguno regresó.
Aquí solo quedan viejos, mujeres, unos diez niños famélicos. La debilidad sobrevive.
La voz sigue allí. Apremiante.
He tenido pensamientos sobre mi madre.