Érase una vez iba una flor caminando apurada por la grama persiguiendo a una abeja. Iba corriendo tan pero tan rápido que se tropezó un par de veces, cayendo al suelo lleno de grama y hormigas... Al levantarse, mientras se limpiaba el rostro,sus mejillas enrojecieron. No hizo más que reírse y seguir andando.
Lo que esta flor no sabía es que Dios la estaba observando hipnotizado; pero no cualquier Dios, sino el Dios Saturno, uno de los dioses más poderosos y pasionales del universo entero. Conmovido ante el espectáculo de esta bella dama, siguió contemplando aquella flor desde su pedestal. La flor cantaba, reía, perseguía abejas y de vez en cuando se quedaba contemplando el horizonte, como si se sumergiera en un sueño infinito.
Entonces el cielo se acercó y comenzó a discutir con el Dios Saturno, el cual ya se había enamorado de esta desconocida gema de paz.
-¿Cómo es que no la saludaste?- expresó el cielo, casi decepcionado.
-Es que ella era tan mágica y torpe que no podía interrumpir su libertad con un saludo vergonzoso y tartamudo. Quería seguir observando como cantaba, bailaba y reía con el resto de las flores, en sintonía con el viento... - respondió con los ojos brillosos, ensimismado en sus recuerdos, casi sumergido en la nostalgia.
-No puedo dejar de pensar en ella, en sus cálidas mejillas... - continuó. En sus ojos de perdición, en su canto atolondrado. Cómo me hubiese gustado tocar sus labios y sellar su alma con un beso de amor...- al finalizar, se le veía triste, y observaba como las flores seguían cantando, pero su flor ya dormía bajo las sábanas de lo verde. Las nubes conmovidas, suspiraron y se miraron sonrientes. Así que le pidieron al Dios cielo teñirse de rosa al igual que la amada de Saturno. Las nubes sonrieron y adornaron el espectáculo con sus figuras esponjosas y cantarinas.
Desde ese momento, el Dios Saturno nunca olvidó a su amada flor. Y a las 18:32 pm al observar el atardecer que le regala el cielo conjunto con las nubes, no puede evitar acostarse triste en su cama llena de estrellas, pensando en aquella flor: aquella flor de cantos atolondrados y mejillas rosadas.