Sin duda, la ciencia y la filosofía son unas expresiones muy valiosas del hacer teórico (en tanto labor exclusivamente humana).
La primera –la ciencia- posee como primer aval, la objetivación; es decir, que los hechos reales y singulares de los cuales (fundamentalmente) se refieren los conocimientos que ésta porta en su tejido discursivo, han tenido que ser comprobados; ello a través del cuidadoso careo con esos mismos hechos. Pero no solo con esto tiene que ver la objetivación (como rasgo definitorio de la ciencia)… La objetivación, más allá de la verificación de los factos, tiene que señalar las determinaciones que éstos reciben complejamente, del contexto de la totalidad en cuyo cuerpo hacen vida. Para todo esto, entonces, necesario es –a grandes rasgos- verificar hipótesis, por un lado, y echar mano a calificadas teorías (filosóficas) de las correspondientes totalidades, por otro lado.
La segunda expresión de la labor de construir teoría (la filosofía) posee como primer aval, el ser producto de labores de cavilación, de reflexión. Usualmente tal trabajo de meditación se lleva a cabo y se expone a tenor de personalidades y corporaciones (universidades, editoriales, en fin) las cuales, en un momento dado del devenir, gozan de eso que llaman “prestigio”, “autoridad” (nociones –por cierto- muy resbalosas, sesgadas…).
Pero aún más valiosa y más extensa que la ciencia y la filosofía, como manifestaciones del esfuerzo exclusivamente humano de gestar conocimiento, es la ideología… Ello es así, teniendo en cuenta el alud de riesgos que ésta porta en grado sumo.
Si bien podemos simbolizar (y la gente del mercado publicitario – el advertising market- lo sabe muy bien), el trabajo científico con un laboratorio, y el trabajo filosófico con un salón repleto de libros (y un búho apostado misteriosamente en una parte cercana a dicho espacio), podemos asimismo simbolizar la ideología con precisamente el extenso ámbito del recién aludido advertising market… propaganda comercial, propaganda política, religión, cultura de los pueblos, moda, arte, en fin.
Pero probablemente nos habríamos quedado cortos en ese intento de establecer signos connotativos de la ideología. Es que, como agudamente lo planteó Voloshinov a principios del siglo XX, la ideología habita hasta en el tejido interno del lenguaje, siendo éste en buena parte la materia prima del pensamiento. La ideología es un cuerpo de nociones sobre todo aquello que constituye la temática de la actividad cognitiva, el cual cohesiona de disímiles maneras tal actividad cognitiva; ello a punta de acciones de poder social (ejercido flagrante u ocultamente por sectores en lucha). (Téngase en cuenta que las recién referidas temáticas de la labor teórica son: la realidad objetiva (fenómenos naturales y relaciones sociales), pensamiento, lenguaje, emociones, conformación de la individualidad personal; siendo la primera, la determinante).
Valdría la pena ahora preguntarse… ¿En qué sentido la fuerza usualmente tendenciosa e interesada de la ideología, hace presencia en el esfuerzo humano de construir filosofía? No nos cabe duda que el sentido es múltiple. La filosofía es ideología edulcorada de poder personal (los filósofos) y de poder corporativo (academias, casas editoras, Estados, etc.). En Venezuela es conocido un adagio que así reza: “Si le quitas el veneno a la serpiente cascabel, aunque le suenen las maracas deja de ser cascabel”. Si le quitas a la filosofía su talante ideológico, allí nada queda… Ni siquiera los tales prestigios…
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Recomendamos este par de apoyos documentales:
- Voloshinov, Valentín. El Signo Ideológico y la Filosofía del Lenguaje. Nueva Visión, Bs. As., 1976. (Texto publicado por primera vez en 1930).
- Moreno, Alexander. Ideología en Imágenes, Palabras y Palabrotas.
https://drive.google.com/open?id=1FWOT7yunPUo3v9wcrGX7x_QqGElwlsOB
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Fuente de las imágenes:
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