¿Y qué tal que las mariposas nacieran siendo mariposas, e hicieran una metamorfosis para convertirse en orugas?
¿Cómo las veríamos?
Dejarían de ser el más bonito ejemplo de cambio, dejarían de ser lo que muchos han soñado ser.
Tal vez, ese hecho nos serviría de lección para aprender a valorar nuestros mejores momentos.
Tal vez aprenderíamos a apreciar la felicidad y a asumir que los malos tiempos son inevitables.
Tal vez comprenderíamos que debe existir el árbol colorido y el árbol seco
Porque si la mariposa naciera siendo mariposa para luego convertise en oruga, se parecería a nosotros los humanos, que nacemos siendo bonitas criaturas y crecemos y nos desarrollamos hacia nuestra mejor época, hasta que un punto, hacemos nuestra metamorfosis a la vejez, y perdemos un poco de color, pero aprendemos a querer con firmeza, a dar amor con franqueza, y a valorar los recuerdos más dulces.