A veces uno cae por inocente sobre gente que hace lo malo y andan como que no rompen un plato.
Una vez vi una trifulca en donde unos adolescentes vendedores de perro caliente eran acusados de haberle robado un celular a una clienta. La agraviada afirmaba que había puesto el celular sobre el carrito de perros mientras engullía la bala fría.
Y yo decía: "dejen a esos niños tranquilos que esos no se meten con nadie", pues yo conversaba a diario con los perreros.
Después vino la policía. Sacaron panes, sacaron salchichas y, al final, apareció el celular...
Entonces el "perrocalientero" salió corriendo como alma que lleva el diablo...
¡ Qué vergüenza !
y yo defendiendo a ese ladrón...
Me hace recordar de cierta película que muestra, una vez más, lo falible que es el ojo para juzgar a las personas.
Créditos del texto: Amaponian Visitor ()
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