¿Tener secretos con la pareja será bueno o no?
A mi modo de ver se debe determinar que se entiende por verdad, por mentira y si la confesión enriquecerá la relación o la deteriorará. Un conflicto entre la sinceridad y la discreción.
Ser honesto con el tema puede ser magnifico, pero muchas veces decir la verdad y toda la verdad puede traer consecuencias negativas. ¿Dónde puede estar la línea divisoria de cómo actuar?
Relato: Una vez un hombre estaba perdidamente enamorado, la química sexual con su pareja era increíble casi perfecta, hasta que una noche practicando sexo anal, ella confesó que ya lo había experimentado. Él se sintió confuso, vulnerable, no lo podía sacar de su cabeza aquella frase de no ser el primero. Quería casarse con ella pero esa confesión coloco en la palestra “Con esta NO”.
Entonces contar detalles creo que puede ser imprudente y contraproducente. Mantener secretos inconfesables no significa deshonestidad sino cautela y discreción. A veces NO se desea escuchar demasiado. Pasado pasado es, pisado queda.
Si se nos pregunta ¿con cuántas personas te has acostado? Las mujeres mencionamos nombres, subestimando números y los hombres hacen una estimación numérica en aumento. Ambas conductas son significativas, pero la mujer hace una reducción inconsciente para no ser tachada de promiscua ya que es algo que está mal visto “socialmente”.
Entonces mis queridos amigos ¿callamos o hablamos?
“Endulza la punta de la flecha de la verdad, con miel.” Reza un proverbio, que no es mas que buscar la forma adecuada de decir las cosas
Debemos conocer a nuestra pareja, saber si una confesión encajará en nuestra relación o si se clavara como una bala de obsesión en su mente, pues esta puede traer inseguridad, celos, dudas que pueden llegar a destrozar una relación.
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Recuerden vivimos en una sociedad con una doble moral, especialmente en el caso de los hombres que disfrutan del sexo con una mujer pero no les gusta si ellas han disfrutado con otros. Como con el caso del relato: disfrutaba del sexo anal con la pareja pero al saber que no fue el primero en eso ya ella no era “matrimoniable”.
Hay que saber elegir el lugar, el momento y las palabras adecuadas por respeto al otro, pero sobre todo por respeto a nosotros mismos.
Hasta la próxima gota de conocimiento
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