Hay personas,
que creen
que la danza de los girasoles
para encontrarse con el sol,
es el giro del amor.
Una de ellas, soy yo.
Los girasoles,
Cada día,
se despiertan y se mueven hacia el Sol,
siguiendo
a la gran estrella,
en su ruta de este a oeste.
Cada día,
todos los días,
los girasoles
se miran frente a frente con el sol,
fijamente,
hasta que es hora de dormir.
El sol no necesita palabras,
cuando los girasoles le dicen todo con miradas,
es suficiente verlas comunicarse desde tan lejos
pero tan fuerte,
y así le transmiten todo lo que él necesita
para seguir danzando.
Y los girasoles, desde la tierra,
aun estando lejos de él,
le recuerdan que cada día,
al despertar,
estarán ahí
para acompañarlo,
que no está solo,
que bailan juntos.
Amarillo
amarillo,
solecito dame tu brillo.
Las historias de amor,
a veces están en lo más
simple, pero no nos detenemos a verlas,
dichosos los que tienen su girasol,
los que tienen su sol,
los que se hablan con miradas
como ellos.
Al envejecer,
no giran más,
y su mirada
se queda en dirección al oeste,
porque antes de dormir,
le recuerdan al sol,
que aunque pase el tiempo
lo siguen viendo danzar,
y le agradecen por iluminar
el escenario.
Porque en este campo solitario,
llegaste a traerme luz,
cuando todo se había apagado.
Llegaste a llenarme los pétalos de energía,
a ayudarme a crecer,
y a volar estando en la tierra.
Seguiremos bailando,
aunque llueve,
porque tu luz,
la sigo viendo
y mis pétalos,
te siguen buscando.
Feliz danza sol,
De este lado te espero.
Autora: @Andreaconletras