¡Hola mundo!
Vengo a escribir estas líneas con la intención de dar la versión oficial de los hechos en cuanto a quién soy y a qué vengo aquí, siempre que mi hija no se despierte y se me acaben mis cinco minutos de autobiógrafa que cree que esto tiene alguna relevancia más allá de mis conocidos.
Mi nombre es Angélica y tengo 24 años para el momento en que escribo esto. Nací y crecí en Barquisimeto, Venezuela. Me interesa el asunto de Steemit porque ya basta de seguir escribiendo blogs decadentes que siempre terminan en el olvido y sin ningún tipo de trascendencia y provecho para nadie (el legado de Google y el posicionamiento payoleado, supongo).

Esta soy yo medio arregladita,
normalmente ando más
espelucada y sin maquillaje
Uno de mis intereses más marcados ha sido y es entender el por qué de la desigualdad social que existe en el mundo, esto me ha llevado a apreciar cuanta corriente y filosofía me pase por enfrente que intente dar una respuesta a esa inquietud pero aún sigo en la búsqueda. Entretanto, disfruto actividades muy variadas y disímiles entre sí, desde la astronomía hasta el cosplay y de cada experiencia guardo aprendizajes que me han ido definiendo.
Desde los 14 años más o menos, tomé el hábito de escribir. Tenía un par de blogs en aquel entonces (mediados de 2007). Durante esa etapa solía ser muy aplicada en el bachillerato y ese ideal de pretender que lo académico lo era todo, me hizo decidirme a estudiar ingeniería civil, una carrera que elegí por mi interés en el tema del acceso vivienda y la pésima calidad del transporte público como problemas cotidianos de mi país. Tenía muchas ilusiones sobre cómo con esa profesión tendría acceso a trabajos donde pudiera aportar algo para la solución de dicha situación y es así como junto a muchas otras ideas e ilusiones, fui poco a poco prestando atención al asunto político.
Durante mi adolescencia intenté aprender a tocar guitarra, también me inscribí en talleres libres de dibujo y escultura pero en ambas cosas fracasé estrepitosamente, tengo cero talento para la música y las artes plásticas. Sin embargo, en ambos entornos hice amigos que compartían una afición por el cosplay y comencé a ir a convenciones de anime donde me embochinché haciendo cosplays. Era un hobbie divertido porque te sentías como rockstar por un día y a pesar de que era vista como una retrasada mental por mi hermana y amigos, me sirvió para explorar una pasión que no sabía que tenía guardada desde niña y era la costura, un oficio que conocí junto a mi querida abuela y del que fui aprendiendo poco a poco y muy tímidamente hasta que lo pude explotar confeccionando vestidos y accesorios de personajes de animaciones japonesas.

Mi cosplay de Kurisu Makise,
un personaje del mejor anime del
mundo: Steins Gate
En medio de muchas contradicciones y conflictos internos, las cosas dentro de la universidad no eran tan placenteras como yo pronosticaba algunos años antes: comprendí que los problemas sociales no eran simple falta de gobierno sino que habían razones estructurales viejísimas y complicadas que requerían cambios políticos y económicos mundiales. Esa decepción de la universidad fue alimentada con el desencanto por la academia, donde los egos y la prepotencia de algunos compañeros, profesores y hasta secretarias me hicieron verme en un espejo que daba un reflejo muy desagradable. Eso cambió mi carácter por completo.
En ese terremoto de emociones, conocí a la persona que en cuestión de 6 meses se convirtió en mi esposo, terminando así de catalizar algunos procesos internos y comencé a desbloquear un montón de conflictos nuevos, ya no mentales aunque sí personales, como afrontar el hecho de que me casé a escondidas y tres meses después me fui de la casa, todo acabando de cumplir 20 años.
Vivir sola con mi esposo me dio una nueva fuerza para hacerle frente a todo el hastío que había ido produciéndome la universidad pero la magia duró poco, pues entre los paros de la UCLA y problemas con el lugar donde vivíamos alquilados, se hizo muy cuesta arriba seguir yendo a clases. Unos meses luego quedé embarazada y decidí continuar hasta que naciera mi hija, luego de ahí evaluaría mi circunstancia para saber si volvería o no y qué haría con mi vida a partir de ese nuevo hito, el de ser madre.
Tras un montón de acontecimientos muy dolorosos en mi vida privada, como la repentina enfermedad y posterior muerte de mi papá (un papá excepcional en el mejor de todos los sentidos posibles) y otros tantos problemas económicos debidos a la guerra que vive mi país hoy, llevo ya dos años sin pisar la universidad. Me debato aún si continuar esa carrera, comenzar una nueva o dedicarme a criar a mi hija y ser la esposa estereotípica que ya prácticamente no existe en ningún lugar.

Una foto con mi papá y mi hermana
cuando éramos pequeñas
Seguiré pensando en qué pensar, mientras encuentro algo mejor que hacer, Cuarteto de Nos dixit.
Gracias por leerme, espero que esto valga la pena.