Buenos días a todos. Aquí les comparto mi participación en la 6ta. edición del Concurso de Literatura La Abeja Obrera, en homenaje al escritor venezolano Andrés Bello, considerado el primer humanista de América por la enorme importancia que tuvo su obra en el desarrollo continental; y a quien debemos el honor de celebrar, cada 29 de noviembre, el Día del Escritor en Venezuela.
Muy agradecida con nuestro amigo el poeta por su cordial invitación, y por la oportunidad que nos brinda a los nuevos escritores de crecer y fortalecer aún más nuestras habilidades a través de esta serie de concursos.
SINOPSIS
Mi relato está basado en las crónicas de muchos historiadores que aseguran con firmeza que la letra de nuestro Himno Nacional “Gloria al bravo pueblo”, realmente pertenece a Don Andrés Bello, y que fue escrita por él en abril de 1810 durante los sucesos del proceso de Independencia de Venezuela.
Parte de los versos fueron eliminados del himno y se dejaron sólo algunos, de igual manera la música fue creada por su amigo, el compositor Lino Gallardo y este canto de libertad se entonaba con mucha fuerza durante las protestas del pueblo venezolano frente al yugo español.
UN CANTO DE LIBERTAD
La taza de té que sostenía la vieja criada de la casa de Don Juan López, se salió de sus manos y rodó por el piso de la cocina con lo que había en su interior, sintió que su corazón se aceleraba y un dolor profundo en el pecho la hizo arrugar el rostro y contraerse. Apenas pudo emitir un grito ahogado:
--- ¡Nooooo, al señorito Andrés nooo! ¡Déjenlo, suéltenlo! Él es un muchacho de bien, estudiado, no pueden tratarlo de esa manera. Se van a arrepentir de todo lo que hacen. ¡¡Tenorioooo!! ¡¡Se llevan a Andrecito!! ¡¡Avísales a sus amigos!!
El mulato que desde hacía muchos años servía en la casa del abuelo materno del distinguido letrado no pudo evitar que se lo llevaran, y a pesar de los gritos angustiados de la criada, el joven fue arrastrado sin piedad y trasladado a unos calabozos casi subterráneos por unos guardias que irrumpieron en su hogar en nombre del Capitán General. En aquel recinto, a pesar de sus rivalidades, criollos y pardos que allí se encontraban, todos por igual, atravesaban la misma desdicha, pero estaban juntos en una lucha paralela y libraban una misma causa, la Independencia.
Fueron días agitados, todos los presos eran acusados de insurrección, pero a pesar de las torturas para confesar quién más estaba detrás de aquella lucha, no hablaron, ellos no podían bajar la guardia. Los sucesos revolucionarios que darían pie a la Independencia de la noble tierra de Gracia, ya habían comenzado. Los días de encierro en aquel húmedo calabozo no le impedían a Andrés mantener encendida la llama y el placer de la escritura, del deseo de componer, por el contrario, su sed de expresarse era más fuerte. Como pudo se hizo de un papel y una pluma, y secretamente plasmaba líneas con el sentir de su impotencia, con su hambre de justicia, con la admiración por sus compañeros de lucha.
Apenas una pequeña ventanita de gruesos barrotes a lo alto del muro les permitía respirar un poco de aire puro, y afuera, a lo lejos, sabía que había un pueblo enardecido protestando por sus derechos, esclavos cansados de tanto maltrato, gente noble que ya no soportaba aquel yugo despiadado de una colonia que jamás los valoró, ni les dio el lugar que les correspondía. En medio de la tenue luz de una vela, con las lágrimas rodando por su rostro, aquel hombre sensible, tranquilo, de carácter serio y algunas veces melancólico, dejó brotar aquellos versos que marcarían un momento significativo de la historia:
“Gloria al bravo pueblo, que el yugo lanzó, la ley respetando, la virtud y honor. Abajo cadenas, gritaba el señor, y el pobre en su choza, libertad pidió. A este santo nombre tembló de pavor el vil egoísmo que otra vez triunfó. Pensaba en su trono, que el ardid ganó, darnos duras leyes, el usurpador. Previó sus cautelas, nuestro corazón, y a su inicuo fraude, opuso el valor. ¿Qué guardáis patriotas, hijos de Colón?, marchad tras nosotros, y viva la unión”.
Escribía, y después recitaba en voz alta cada verso. Los repetía, y los otros le seguían. Andrés y los demás presos fueron rescatados, los siguientes días fueron decisivos, aquel canto ya se escuchaba como un grito de guerra, un grito de libertad. Traspasaba todos los campos y hacía eco hasta los confines de la frontera; el capitán general fue destituido por el Cabildo y la Junta Suprema de Caracas le otorgó al joven Andrés el cargo de Oficial Primero de la Secretaría de Relaciones Exteriores, el cual asumió con toda la responsabilidad y seriedad que lo caracterizaba. Meses después junto con su amigo y alumno, Simón, viajó a Londres buscando el apoyo para la causa de la Independencia. El joven intelectual fue escogido para esa misión por sus conocimientos y porque dominaba la lengua inglesa, dominio que adquirió de manera autodidacta.
Que lejos estaba a la edad de 84 años, cuando partió de este mundo, de imaginar que aquellas líneas escritas entre las paredes frías de un calabozo se convertirían en un canto de libertad.
Autora: Ana C. Rivero Foucault - Venezuela ()
Me despido de ustedes. Espero que hayan disfrutado de este relato que refleja un poco de nuestra historia y con algunos matices ficticios que se utilizaron para darle más fuerza al contexto. Será hasta una nueva convocatoria de La Abeja Obrera. ¡¡Feliz y bendecido día para todos!!
Fuentes de Información utilizadas para realizar este relato: