En la niñez todos somos bastante débiles, y estamos ávidos de conocimiento, el cual vamos aprendiendo básicamente por experiencia. Entre una cosa y otra vamos aprendiendo muchas cosas, primero a sentarnos, a levantarnos, nos caemos, nos volvemos a parar, damos los primeros pasos, y nos volvemos a caer, pero de igual manera nos levantamos.
Y así transcurre nuestra primera etapa de infancia, en la que después de caminar, correr, nos sentiremos atraídos por otras cosas, como por ejemplo la bicicleta, los triciclos primero, estos nos ayudan a fortalecer nuestras piernas, nos ayuda con el equilibrio, experimentamos por primera vez otro nivel de riesgo, la velocidad pequeña que alanzamos esa edad producto de los pedalazos que alcanzamos a dar, es percibido como algo muy violento a veces, pero por el hecho de no reconocer el peligro, sencillamente lo disfrutamos, y seguimos creciendo.
La vida va así para todos, con algunas pocas diferencias dependiendo del país, de la cultura, pero en general es muy similar, al menos en el proceso biológico.

Aún así, independientemente de los miedos que cuando somos niños nos acechan, no dejamos de experimentar, porque es lo que nos hace que sigamos desarrollando nuestras habilidades, sólo así se puede hacer, experimentando, jugando, arriengándonos.
Pero cuando somos adultos las cosas cambian, en algún punto de nuestras vidas nos detenemos, dejamos de aprender, de evolucionar, de desarrollarnos, al menos al mismo ritmo que lo hicimos cuando éramos niños, y no digo que de cierta manera, al menos desde lo biológico esté bien, porque es sencillamente natural, llega un punto en el que más bien entramos en un punto de involución física, por llamarlo de alguna manera.
Pero en lo respecta a aprender si que considero que está mal, todos podemos y debemos seguir evolucionando intelectualmente, eso depende de nosotros, y creo que es parte de lo que deberíamos siempre buscar.