Suena el despertador, y a veces, incluso, ni siquiera alcanza a sonar cuando ya esamos despiertos, nos levantamos rápidamente para ir al baño a asearnos, luego preparamos comida rápidamente para comer, igual de prisa y salir a toda carrera al trabajo, pasamos el día así, muy acelerados, y al llegar a casa a veces ni recordamos lo que hemos hecho en el transcurso del día.
Creo que esta es una escena que podría acercarse a la vida real de muchas personas, tal vez te sentiste identificado, o no, pero esa vida acelerada, sin muchas veces darnos un momento de calma para dar un respiro, o el hecho de mantenernos siempre ocupados, no siempre implica que estamos avanzando, y pienso que es un error muy común que sólo trae estrés, cansancio y, a veces, frustración porque sentimos que no nos rinde el tiempo o porque no terminamos de arrancar en nuestras vidas, a pesar de que hacemos muchas cosas.
En este punto me gustaría ahondar es la importancia de los momentos de pausa, ese necesario momento en el que no damos rienda sólo al hacer, sino que nos damos el tiempo para pensar, para sentir, para observar. Hemos convertido el hacer en el protagonista absoluto de nuestras vidas. He hablado con muchas personas, y su vida se centra en estar activos durante todo el día, que llega un punto en el que pareciera más bien que se sienten mal si no hacen nada, si se regalan un momento para ellos mismos, y esto no es sano.
NO digo que debamos dejar de hacer cosas, aunque es probable que si lo necesitemos, pero si hago énfasis, y es algo en lo que he tomado conciencia, es necesario no meternos en tantas responsabilidades, esa capacidad de decir que no es indispensable para conectaros con nosotros mismos, sobre todo en estos días donde la corredera de un lado al otro parece ser la norma. No sé en que momento de la historia se volvió eso de estar saturados de trabajo se volvió algo normal, pero definitivamente no es sano.
Desde hace algún tiempo he venido tomado conciencia de muchas cosas, y es gracias mi trabajo que caigo en cuenta de que muchos de los grandes problemas de salud, tanto física como mental, que tienen las personas se debe a los altos niveles de estrés que se manejan hoy en día, terminan por olivdarse de si mismos, incluso, si tienen un dolor en alguna parte de su cuerpo, no es sino hasta cuando ya no pueden aguantar más, cuando caen en el piso, que deciden atenderse, y esto tampoco es normal ni saludable.
Hay quienes no colapsan solo por un problema físico, sino porque emocionalmente están agotados, he visto a personas reaccionar de maneras totalmente fuera de si, y es básicamente porque no tienen un filtro, no tienen un control, un freno, no hay ese momento necesario en el transcurso del día, de la semana, en el que se detienen y sólo hacen nada, se encuentran consigo mismo, y esto es una acción necesaria para mantener nuestra salud mental.
Hablo desde la integralidad, proque no somos solo lo que vemos, o lo que hacemos, somos mucho más que eso. Incluso leía hace unos días que parece que eso de aburrirse, es algo que se evita de sobremanera, y de cierta forma, para evitarlo, se recurre a hacer cosas que no nos suman nada, y la realidad es que en esos momento donde podríamos, si, aburrirnos, nos llevan a pensar en nosotros, a confrontarnos, a relajarnos, a darnos ese momento de tranquilidad, esa pausa necesaria para entrar en armonía con lo más importante, nosotros mismos.
Al final, no se trata de hacer más, sino de vivir mejor, este es mi mensaje final. Si no somos capaces de detenernos, terminamos siendo arrastrados por una rutina que nos consume sin darnos cuenta, y así vamos encaminados directo a enfermedades, a descontrol total. Hacer una pausa no expresa debilidad, es conciencia. Es el espacio donde podríamos recuperar el control, donde recordamos quiénes somos y hacia dónde vamos. Porque una vida sin pausas puede verse llena, pero por dentro, muchas veces, puede estar completamente vacía.
