Continuo con el ciclo de poesía.
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Un día cualquiera
El día sonríe desde la ventana. Pero a veces no lo hace. Sólo espera que mis ojos se vuelvan al otro lado y no vea como va mudando el cielo su solemne vestidura. Entonces me cuesta abandonar la tibia sensación sobre mi cuerpo, calzar los zapatos, la ducha fría y llegar temprano a cualquier parte. Aún es invierno y el viento entra helado tentando una tardanza. El café baja ardiendo por la garganta. Después compraré el periódico en una esquina y hurgaré sus páginas. La mañana avanzará angustiosa trepando por las horas, será mediodía cuando la casa se llene de olores y se rindan los estómagos ante la mesa. Yo habré sucumbido hace rato al afán incipiente de las palabras, a la búsqueda frágil de unos versos. Así me hallará la tarde; el crepúsculo caerá cansado sobre los techos y cuando el manto oscuro de la noche nos envuelva los caballos bajarán a los sueños, corceles sin brida en medio del fuego, entonces habré cerrado los ojos y soñaré estar despertando cuando aún no se inventaban los versos.