Sonriendo sin gracia me he dado cuenta que no es afuera, sino adentro, visto como aquel personaje quien creemos ser para ofrecer alguna interpretación de nosotros mismos ante el escenario de la vida porque quizás creemos que el mundo no es buen lugar para vivir y preferimos utilizar “máscaras” antes de ser expuestos mediante la pureza que contiene la verdad.
Puesto que desde el temor nos sentimos vulnerables ante la dureza de los demás, sin embargo todo cobra sentido cuando entendemos que cada quien es esencial para el proceso evolutivo de la humanidad, que cada uno está allí por alguna buena razón, que quienes parecieran ser “malos” al final están resaltando lo “bueno” de otros y quienes parecieran ser “buenos” finalmente están resaltando lo “malo” de otros. Y que considerando “la maldad! De algunos como podríamos saber si somos “buenos”?, y considerando la “bondad” de otros, cómo podríamos saber que somos “malos”, pues una cosa se muestra frente a la otra para hacernos ver una infinita verdad, que es “nosotros mismos” para saber qué cosas debemos resaltar para el servicio de todos y cuales otras debemos modificar con el mismo fin. Pues finalmente considerar la “bondad” implica el perdón hacia aquellos quienes consideramos “malos” y si esto no es así terminamos también siendo “malos”, es por eso que la maldad no está afuera sino adentro, si por nuestro albedrío decidimos ser guardianes del verdadero “mal” dentro de nosotros mismos.