Las leyes reflejan el nivel de consciencia de un grupo sobre la realidad que lo envuelve, orientadas principalmente hacia sus búsquedas y deseos. La justicia, por otra parte es una virtud y es de carácter personal por tanto está ligada al grado de evolución espiritual del individuo. Emplear o seguir las leyes es una tarea necesaria cuando se trata de orden pero ser justo debe convertirse en una cualidad innata y disponible en todo momento y raros son los que lo pueden entender esto.
La justicia es la más grande virtud, aunque aparentemente es fácil serlo pues la mayoría creen ser personas justas por cumplir con ciertos estatutos, pero en realidad la justicia posee una complejidad muy particular que procede del orden original de todas las cosas, de la naturaleza Divina, de leyes que van más allá de los acuerdos y concepciones humanas. La justicia tiene un carácter innato, original y que no necesita ser dirigida por ninguna ley. De allí aquella premisa acerca de tener “sentido de la justicia”.