Quien no valora las cosas pequeñas nunca estará preparado para vivir plenamente los grandes momentos de la vida, ser pequeño es indispensable para hacerse grande, es un ciclo, una ley. Al no reconocer la importancia de todas las cosas nos distanciamos de la propia esencia e ignoramos quienes somos de verdad. Esperar por un “momento ideal” para ser pleno nos hace perder la oportunidad de vivir el don y el sueño, no nos deja disfrutar la maravillosa y mágica escalada. Cuando lamentamos “el imperfecto amor” ofrecido por el mundo desperdiciamos la oportunidad de hacerlo perfecto en nosotros mismos. No esperemos a que los océanos se levanten en un despliegue impresionante. La belleza de la vida está en los detalles y en todas las cosas, grandes o pequeñas, que son las casi imperceptibles transformaciones ofrecidas todos los dias.