Viéndolo de cierta manera, todos los puntos de vista pueden ser muy sensatos. No se puede confundir al padre con el hijo sin embargo uno se relaciona con el otro y aún siendo cada uno una persona única su entrelazamiento contiene valor para la evolución personal y la vida, en lo cual hay mucha belleza.
Una verdad mayor se revela mediante la comprensión de pequeñas verdades que habitan en todos las personas.
La prudencia y la tolerancia nos enseña a no reaccionar ante las verdades de otros, aquellas que no vivenciamos en su totalidad, en nuestra propia percepción. Incluso la misma prudencia nos recuerda que tales versiones no han de ser recibidas incondicionalmente más si dejar un trecho abierto para ellas.
De esta manera, utilizar comentarios para formular juicio de valor sobre algo es una decisión equivocada, y aleja de otra valiosa virtud: la justicia. En la ilusión de que los “errores” ajenos, cuando son revelados, pueden esconder nuestras propias oscuridades y ser alumbradas.