Indiferentemente de la manera como cada cual conciba los hilos que entretejen la tela de la vida, nos fueron dadas las condiciones para el perfeccionamiento y la evolución en esta existencia. A cada uno le es dada la precisa herramienta para la construcción de la obra de su vida, de acuerdo con las capacidades que posee y las habilidades que amerita desarrollar.
El universo es un maestro justo, amoroso e inmutable. Por lo tanto, no se puede intentar regatear con él. Por tanto no puede ser engañado ni manipulado. Como el alumno quien ofrece una manzana a su profesor con la intención de obtener dos puntos más en alguna asignatura.
Es muy común que en la búsqueda de la felicidad muchos se dejan engañar por el brillo efímero y las “facilidades” que tanto seducen, en vez de escoger en todo momento de acuerdo a la verdad y del amor, contenidos de la verdadera esencia. Es por esto que terminamos maltratándonos y sufriendo, al tratar de regatear. La naturaleza del ego en detrimento del alma hace que nos sintamos abandonados en medio de la multitud. Es necesario prestar atención a lo que prevalece, anima e ilumina más que a otra cosa o cada cual continuará perjudicándose a sí mismo.
Es por esto que muy bien dicho está; cada quién tiene lo que se merece.