Apuremos el vino que nos queda; no es mucho, pero es sabroso.
Tiene el color dorado del sol cuando se oculta
allá en el fondo de la ría,
el aroma de las manzanas y
el sabor de la niebla que llega desde el mar.
A ti, amor, te gusta el vino; a mi me gustas tú.
Te bebería
a tragos largos y presurosos,
que serían largos, demorados y lentos
en otras ocasiones.
Eres coma viño, miña amada,
beberte é como unha arte ancestral e inexplicable
á que me entrego cando cae a tarde.
Ou cando nace o día.