Viniendo de una familia de lo más desastrosa, la protagonista de este post lleva por nombre Brenda Ann Spencer, una chica de 16 años con severos problemas de autoestima y podría decirse también alguno que otro problema psiquiátrico.
Partiendo desde la raíz, la fachada de la familia Spencer era monumental, pues lograba esconder un sinnúmero de problemas asociados al alcoholismo del padre y temperamentos preocupantes. Brenda solía decir, ya de mayor, que su padre le dijo de pequeña que él había sido gay desde que había nacido. Sin embargo, según las versiones de Brenda, el mismo solía abusar sexualmente de ella cuando era niña.
Una muchacha blanca, con pecas, pelo rubio y lacio, grandes lentes y con muchos complejos. Brenda Ann Spencer no solía sentirse una muchacha bonita, y sus lentes le causaban repudio. Solía refugiarse en la música, parecía ser el único remedio para aguantar las voces esquizofrenicas que danzaban dentro de su cabeza, voces que en serio atormentaban.
Como regalo de cumpleaños, Brenda le había pedido a su padre un radio para seguir oyendo música, pero, al contrario, Wallace Spencer le regaló a su hija un rifle Ruger calibre 22, semiautomático, con mira telescópica y acompañada de 500 balas para disparar. Un regalo de lo más absurdo para una niña de 16 años.
Las autoridades hasta ahora no han podido descifrar la magnitud de las intenciones del padre, pero Brenda sospechaba que semejante regalo se debía a que su padre deseaba que ella misma se matara.
A principios del año 1978 el personal de una institución para chicos con problemas le hizo saber a su padre que la niña era una potencial suicida, y que sería necesario llevarla a una institución para cuidado mental, cosa que para Wallace era inaceptable.
Sin amigos, odiando todo de sí, durmiendo en un colchón en el suelo junto a su padre ebrio y con cientos de botellas vacías alrededor, en la mugre, Brenda no veía nada positivo en su alrededor. Solía matar patos con su rifle, disfrutaba de hacerlo ya que era un método bizarro de distracción.
Casi podías observarla tirada en su habitación oyendo Outlandos D'Amour, el álbum preferido de The Police, una y otra vez, con la vista fija sobre el techo y murmurando las letras de mala gana, a veces con tristeza. Para ese entonces la muchacha no era más que una adolescente problemática y aislada.
Para el entonces del regalo descabellado del padre, Brenda se sentía feliz con su regalo. Solía fantasear acerca de la muerte, masacres y crímenes. Incluso las planeaba, yéndose por semanas a practicar con su rifle la puntería en sitios alejados, perfeccionando el agarre, siendo rápida al momento de cambiar las balas y volviéndose una experta con ayuda de sí misma.
Un lunes, precisamente del año 1979 se encontraba Brenda tirada una vez más en su habitación, aburrida y sin mucho que hacer. En frente de su casa se encontraba la Cleveland Elementary School, una institución primaria donde incluso había estudiado ella hace muchos años. Solía decir años después del hecho que veía a los niños como patos, como blancos muy fáciles esperando a que los matasen, rodeando un rebaño de vacas.
Con el rifle sobre la ventana, el ojo sobre la mira, Brenda se dispuso a mirar a los niños en la calle que esperaban por entrar a la escuela, y de la nada empezó a disparar al azar. Disparos en la cabeza, en extremidades, caían como patos, su buena puntería comenzaba a dar buenos resultados. Dios santo, Brenda se reía mientras disparaba, le excitaba, le gustaba.
Entre empujones y gritos, los únicos dos adultos que se encontraban afuera eran el director Burton Wragg y el vigilante de la escuela quienes a toda costa intentaban evacuar a los niños y quitarlos de la mira de la desquiciada niña. Desesperación, llanto, gritos, muchos gritos y sangre, era una completa masacre.
Los disparos no cesaban, eran 500 balas que tenían sus propios objetivos. 8 niños fueron baleados, y uno en especial se le vio arrancado un pedazo del corazón, del cual sobrevivió gracias a la intervención del director, quien murió a manos de Brenda Annde Spencer. A la niña le molestaba el hecho de que Mike Suchar (el custodio de la escuela) intentara proteger al director, por lo que no dudó en asesinarlo también.
El caos rondó entre las 6 horas, horas donde nunca cesaron los disparos. Un policía había sido baleado, era un tiroteo entre Brenda y la policía, un tiroteo bastante sangriento. Entre negociaciones con la policía, y con falta de balas, Brenda decidió rendirse.
Cuando le preguntaron el por qué de sus acciones, la chica de 16 años dijo lo siguiente: "No me gustan los lunes, ¡son tan aburridos! solamente lo hice para divertirme", "fue muy divertido ver a los niños muertos".
A pesar de haber sido menor de edad para el momento del crimen, se le fue juzgada como una adulta. Mostraba hostilidad hacia los policías, y murmuraba siempre que deseaba asesinar a uno.