De niña hice un diario, se llamaba Planeta Sarcasmo, me burlaba del mundo y de lo neutral que era con solamente tener 12 años. Me reía de cosas que la gente no entendía, y me molestaba en pensar que había mucha falsedad en el mundo, tan solo una niña y pensaba en esas cosas.
Escapar, a mundos donde esté solamente lo esencial, la gente eficaz y que tú sepas que te quiere. En mi planeta podía beber Coca Cola todo el día y no habían repercusiones en mi cuerpo, podía volar y detener el tiempo. La comida era gratis, no existía el dinero y la avaricia era una cosa ajena que se escapaba también con el tiempo.
No habían murallas, ni billetes, ni colegios, ni religiones, ni pastillas para la depresión, ni centros de aislamientos por comportamientos, ni centros comerciales, ni teléfonos, ni psicólogos. No había ansiedad, no había maltrato, no había injusticia, no había impotencia y cinismo. En mi mundo no existía el mundo actual, en mi mundo no morían mil quinientas personas diarias, en mi mundo no existía un sueño americano.
No existían mujeres maltratadas, ni hombres violados, ni personas sobrevaloradas. Viajabas en el metro a mundos incalculables, salías de la tierra y amanecías en Cancún, el cielo hasta parecía yogurt!
El que me piensa y me lee pensaría que estaba loca, pero mi mundo era feliz, entraba por medio de un bombillo y salía hacia el infinito, y podía tocar los planetas con mis manos. Eran eternos los momentos, todo el mundo contento y solo tenías tiempo de sentarte y mirar el cielo.
¿Qué estoy haciendo aquí, pagando para vivir, lejos de donde nací?
Más allá de lo que se ve, me trepo a los árboles, y sigue llamándome, sigue llamándome.
Ilustración y escrito propios