En este poema la figura del vampiro personifica a todos los políticos ladrones que siguen recibiendo el voto de sus incondicionales. Pero también sirve para los dueños de grandes empresas que explotan a sus trabajadores, expolian los bienes comunes en su beneficio y nos obligan a vivir en un mundo en el que la justicia social se piensa siempre como utopía. Y nosotros, a pesar de saber todo esto, seguimos consumiendo los productos que nos venden.
En esta lucha clandestina
en que hemos convertido la vida,
vivir y soñar
cada día, en silencio, para adentro,
o en el corral,
se convierten en las migas
del pastel que ayer cocimos.
Taciturnos, disgustados,
ponemos en la tripa
el paladar.
Y aún podemos hacer más:
tragar, tragar y tragar.
¿Hasta cuándo durará el empeño?
Abrimos la puerta al vampiro
de par en par.
Le hemos mandado pasar.
Y se ha sentado.
Nos mira tras su capa
de plasma, velado como
un fantasma. Y habla:
-Sentaos aquí, a mi lado,
para que os pueda escuchar.
¿Cómo decíais anoche?
¡Parecíais gustar de un manjar!
Desde afuera se escuchaba:
-¡Tragar, tragar y tragar!
¿Eso es lo que hacéis ahora
en lugar de salir a luchar?
Sois imbatibles amables,
¿me invitaréis a cenar?
Y respondéis complacientes:
-Donde traga uno, tragan más.
El vampiro sonríe la gracia
mientras se atusa la barba.
Ya va escogiendo el aliño
y os anima a cantar más.
-¡Vamos, vamos, vamos ya!
¡Aún podemos mejorar!
¡Tragar, tragar y tragar!
Sólo la carpa falta
en este circense tumulto
que es tu casa y el mundo.
Sois la peonza; él, la panza
que se alimenta y engorda
a vuestra costa.
O esa voz
que os conmina a rumiar
con vuestra boca
lo que disgusta
a su paladar.
Además...
un buen día se lo cobrará.
Por ahora, ebrio y feliz,
el vampiro sigue danzando
al compás,
mientras grita sin cesar:
-¡Vamos, vamos! ¡Vamos ya!
-¡Tragar, tragar y tragar!
Foto: Crepúsculo en Compostela