No sé qué ocurrió, el tiempo nos separó.
Quizás la madurez lo ha hecho.
No soy sus paños de lágrimas, pero quiero estar para exprimirlos.
Mi regazo siempre los espera. Pero, no entienden el concepto de mejores amigos, solo están en el verano pero no en el tormentoso invierno.
¿De qué vale esperar sus abrazos si me recibiran con puñales?
¿Qué nos pasó?
Los silenciosos se volvieron incómodos, antes eran risas sin vergüenza alguna.
Me siento sola, solo tres me acompañan. Número impar que nos une al derecho y revés.
Ellos ocupan y limpian el dolor que ustedes me causaron. Dolor que empezó desde la partida de Cinderella, donde sus máscaras cayeron por completo.
Luego de tanto llorar sangre, solo sé que pertenezco junto a un número impar inolvidable.