Te escucho al derribar ríos de lágrimas por tus hijos al marcharse.
Te escucho al suspirar cuando te das cuenta que tu regazo tiene polvo.
Te escucho al gritar cuando rompen tu vestido en la impunidad.
Te escucho al cantar cuando nadie más lo hace.
Te escucho cuando al explotar tu brillo te opacan década tras década.
Te escucho cuando me aconsejas para no tropezar y hacerte daño, pero otros no.
Quiero remendar tu dolor, pero otros no escuchan, sólo importan tus riquezas brutas y no tu talento innato.
Espero poder sanarte al salir del cementerio.
¡Ay mi Venezuela! ¿Cómo ayudarte por los errores cometidos?