Calor y mosquitos, una combinación nada sexy, ni confortable, pero es mi realidad ahora mismo, excepto por el pequeño instante en el cual me transporto al día de estas fotos.
Ahora mismo, mirando este post y con el sudor corriendo por todo mi cuerpo, encerrada en el cuarto por los mosquitos, quisiera que cayera un torrencial de agua.
Son las cuatro y media y el rechinar de los hierros oxidados me dice que ya hay alguien en el gym, el gimnasio improvisado sobre tierra que tengo en mi casa.
¿A quien se le ocurre hacer ejercicios a esta hora con el perro sol y el calor que hace? Sin contar a los mosquitos. Cuando en lo único que yo puedo pensar es en la posibilidad de un aguacero.