Despiértate, dormilona, ¿Qué estoy diciendo? No te quiero molestar.
Que sabroso es verte dormir por horas y horas, aunque te quiero despertar. Me impresiona la facilidad que tienes para dormirte y lo difícil si te tienes que levantar.
Le estoy prestando atención a cada cosa que haces mientras duermes, el ritmo con el que sueles respirar. A veces sonríes, a veces arrugas la frente, te quedas quieta, te mueves y vuelves a empezar.
Levántate, que no quiero perder tiempo; quiero hacerte reír y salir a caminar. No me hagas caso, sigue durmiendo, que si te despierto me vas a patear.
No sé si despertarte con un beso, o simplemente decirte al oído "mi vida, despiértate ya"; si tan solo supieras todo lo que pienso mientras te veo descansar. Sigue durmiendo, no me hagas caso, creo que te quiero fastidiar.
A veces creo que duermes para soñar con las cosas que quieres, a veces parece que lo haces porque quieres borrar lo que estuvo mal. A veces parece que duermes en paz y en silencio y otras veces pareces que quieres despertarte y gritar.
Ya van más de 8 horas y no das señales de que te vayas a levantar. Yo llevo 3 horas viéndote ahí acostada y no sé qué hacer ni por dónde empezar.
Abres los ojos, me miras, sonríes y los vuelves a cerrar. Me acerco, te doy un beso, respondes y sigues durmiendo por 2 horas más.
Ya van 10 horas, me empiezo a desesperar. Te doy un beso en la espalda, luego en el cuello y sonríes con tu viveza natural. Abres los ojos, me preguntas la hora y -madre mía- te vuelves a acostar.
Voy a hacer desayuno, ¿O hago el almuerzo? Si por ti fuese, te paras a la hora de cenar. Cuánta energía desperdiciada en una cama, pero al mismo tiempo transmites paz.
Mejor sigue durmiendo, me voy a hacer algo más. Ah, claro, bastaba que yo pensara en otra cosa para que ahora sí te dé por despertar.
Así eres, carajita, lo caprichosa se te da natural. Y yo de bobo enamorado caigo en tu juego, me dejo llevar.
¡Arre cabasho! No pongamos peros, que el que sea dormilona es de lo más normal.