Estar contigo fue, sin igual. El cómo nos conocimos, de lo que solíamos hablar. Te miré a los ojos desde la primera vez y decidí que no te dejaría pasar.
Tú sentiste lo mismo, te costó admitirlo pero terminaste por confesar. Estábamos en el lugar correcto, en el momento preciso y nos dejamos llevar.
A veces parece que nada nos sale, creemos que nada se nos dará. Pero ni en este mundo -que solo es una minúscula parte del universo- tenemos la certeza de dónde ni con quién, funcionará.
Eras tú, eso creí. Era yo, te oí decir. Y de la noche a la mañana tuviste que partir. No dio tiempo de planes, no dio tiempo de conocernos más; ni siquiera tuvimos chance de tener una cena real.
Dijiste que "volverías", yo dije que "te iría a visitar". Que mantendríamos el contacto y que -si esto puede ir a algún lado- pues lo haríamos pasar.
Pero ya ves, la cosa no dio para más. Tu decidiste hacer tu vida y yo me volví a acostumbrar rápido a la soledad.
No es que "haya sido apresurado"; no es que "nos hayamos dejado llevar"; simplemente se trata de sentimientos guardados en un closet, y -si acaso nos volvemos a ver- los tendremos que desempolvar.
¡Arre cabasho! Que si no es ahorita, no significa que no vaya a pasar.