Una de las clases favoritas de arte que tuve en la universidad fue aquella donde tratamos la perspectiva. Pensar que al final del paisaje, aquello que le da profundidad a la pintura, puede guardar un mundo entero y al mismo tiempo otra perspectiva distinta en sí hizo que me asombrara. Esto cambió mi forma de ver el arte, de observar cada detalle y además de ver de un modo distinto aquello que nos parece cotidiano. Pensar que la vida real puede, y es, arte hace que la perspectiva sobre aquello que nos parece tedioso o aburrido cambie.
Fotografía tomada con un Samsung s6 edge.