Las personas que alcanzan un estatus de vida cómodo, con el pasar de los años, tienden a pagar por muchas actividades que ellos anteriormente realizaban. Pues sí, empiezan a contratar progresivamente cuanto servicio pueden para entregarse al ocio improductivo. Entonces, dejan de hacer aquellas oficios que de una u otra forma los llevaron hasta donde están como: la jardinería, fontanería, mecánica, costura, electricidad, carpintería, albañilería, costura, electricidad, carpintería, lavandería, limpieza, cocina y hasta parte de las tareas de la práctica profesional con la cual se sustentan. De esta forma, impulsados por la comodidad, llega un momento en el cual terminan pagando por todo; volviéndose sedentarios e inútiles.
Sin embargo es en esas pequeñas tareas cotidianas que reside gran parte de la salud mental, física y financiera. Esos quehaceres representan una forma de ejercicio, sirven de gimnasia cerebral puesto que en ocasiones es necesario poner en práctica el razonamiento, evitan el envejecimiento acelerado, generan ahorro, pueden ser base de un emprendimiento y disipan las preocupaciones. Con todo lo antes expuesto queda claro que lo mejor es pagar por los servicios de otro solamente cuando no se puedan resolver los problemas.
Muchos éxitos y felicidad, espero que el post les resulte útil.