Así andamos nosotros por la vida, con una mochila a cuesta, sobrecargada con odios, rencores, rabias, frustraciones, desconfianza, que nos producen, no solo daño orgánico pues se transforman en enfermedades, sino daño en el alma y en espíritu, porque nos roban la calma y el sosiego y debilitan nuestra fe.
¿No crees que es hora de deslastrarnos de ese peso innecesario?