¿Realidad creada artificialmente? El enemigo es el pobre.
Nuestra debilidad colectiva para juzgar al enemigo es evidente. La cultura de correr atrás de la guita tiene sus consecuencias. La gente no se conoce, esto te hace influenciable y vulnerable.
¿Por qué digo esto? La vida del ciudadano promedio se basa en trabajar y las horas de sueño. En el poco tiempo libre restante, nos abocamos a cualquier actividad que nos proporcione algo de placer. Sobre todo, una actividad muy común es la de mirar televisión. Actividad que requiere por sobre todas las cosas no pensar, tragar información masticada por otros. Tiene sentido, a fin de cuentas, uno con sus obligaciones cotidianas, no tiene la inquietud de hacer investigaciones complejas. Es normal tener referentes a los que uno acude para entender un poco que se agita a nuestro alrededor. Somos seres con grandes inquietudes, aunque pocos atiendan a éstas. Las consecuencias de no conocernos y tratarnos son devastadoras.
En el dolor de la vida vacía, perdidos en el abanico de emociones que dominan nuestros actos, la sociedad esta vulnerable a cualquier idea que nos imparta un chivo expiatorio como alternativa a encarar nuestras emociones y creencias. La pereza intelectual es tan peligrosa como la física; te coloca en una situación de vulnerabilidad e inestabilidad emocional que te transforma en un ser sensible a la manipulación.
Uno de los grandes ejemplos del poder de la formación de realidades, es la falsa idea de que un país no crece por culpa de la clase baja. “Roban, son vagos y parásitos del estado” es el discurso que se oye incluso en clases medias trabajadoras. El sistema, impone exigencias sociales que pocos pueden costear. Todos queremos las mejores zapatillas, linda ropa, un buen teléfono, hogar cómodo y trabajamos por ellos. Pero el problema radica en que existe una clase sumamente pobre, que por educación, cultura y su sociedad, trabajar no es una opción. Probablemente, si tuviste ropa limpia, comida en la mesa y cosas mas básicas, como agua caliente y luz; contas con una preparación distinta a quien nació pasando hambre, que iba a la escuela a comer, que sus vecinos quizás lo robaban y tolerando a una sociedad que lo mira con desdén, recelo y miedo. Imagina vivir desde siempre, en condiciones de marginalidad, comiendo en tachos de basura, viendo la opulencia a tu alrededor.
La desigualdad es una aceitada maquinaria productora de delincuencia.
¿Qué sentido tiene atacar los síntomas de una enfermedad? No digo que hay que dejar libre a quien delinque, pero creo que como sociedad es hora de mirar a los verdaderos culpables de la generación de la desigualdad, los delincuentes que realmente sumergen en la miseria a nuestros países.
“JA! SON LOS POLITICOS!” Probablemente con algo de razón se señale esto. Verdad a medias, los cargos políticos dan algunos años de lucro, mas busco analizar algo más estructural, perpetuado a través del tiempo, no sujeto a la voluntad democrática popular.
Siento que me cuesta mantener el hilo, ruego que me disculpen si me ramifico tocando varios conceptos necesarios para entender un fenómeno más grande. Para entender lo que pasa, creo que tenemos que volver al principio de éste texto. ¿Cómo llegamos a la conclusión de que la culpa es del pobre? Me permito dudar de que sea un fenómeno discriminatorio que nace de manera espontánea. Buscamos culpables, esto es cierto, pero a su vez, quienes suministran el flujo informativo al que accedemos usualmente (sobre todo televisión, radios y diarios) creo que aquí, en el origen de la información es donde podemos atisbar alguna respuesta. La información es crucial a la hora de formar una opinión sobre cualquier tema. Mi visión encuentra el siguiente patrón; que se demoniza la protesta social, a la delincuencia individual y a sectores de la política con orientación de izquierda. Me refiero a demonización lisa y llanamente, puesto que deja de ser información con sustento periodístico para ser una triste opinología orientada y la repetición constante de estos mismos enemigos una y otra vez día tras día en cada uno de sus (muchos) medios. No es una cuestión de intelecto en la sociedad (a veces si) pero si es una cuestión de pereza a la hora de interiorizarse mas alla del discurso monocromático. Solamente consumimos esta información, regurgitada por los ácidos estomacales de quienes se ven favorecidos por la creación de éstos enemigos.
Para que este sistema funcione, es necesario lograr un discurso dominante, es decir; la televisión requiere un vaciamiento total de información paralela, en un fenómeno llamado “blindaje mediático” por medio de una concentración de medios. Poco importa la realidad social, si no tenes con que compararla. Un ejemplo claro es cuanto estamos escandalizados sobre la inseguridad, inclusive sin haber sido víctimas de algún hecho relacionado a este fenómeno. Durante la administración anterior (aquí en Argentina) la inseguridad era un bombardeo constante de la corporación comunicacional. Durante semanas, el mismo crimen horroroso es repetido, imágenes tenebrosas e indignaciones teatrales de mano de mercenarios de la comunicación. Luego de esto, la siguiente noticia aprovechando ese estado de animo oscuro, era a algún rostro enemigo a sus intereses. Básicamente, te horrorizaban, te indignaban y luego hablaban sobre corrupción. El sistema te necesita vacío, seco y marchito. Envenenado en una nube de odio intoxicante. Quiero hacer una distinción importante sobre las noticias. La información es un derecho, pero en este caso es una mercancía. Enormes equipos de producción, psicólogos y especialistas de marketing, manejan minuciosamente la información para colocarte a favor de sus intereses, o para que justamente, alejes tu mirada de los verdaderos creadores de la desigualdad en nuestra sociedad.
Bueno Steempsons! Siempre un placer! Espero que hayan disfrutado ésta lectura