Refugio Inhóspito
Desde la creciente hostilidad del clima terrícola, grupos de expedición buscan cuerpos habitables no catalogados en las cartas. Una nave tipo crucero, “El Gaucho 4” se estrelló en un mundo desconocido una fría noche. El calor del día hacía inhabitable al planeta. La arena de la playa vidriosa como polvo de cristal, reflejaba el brillo de los ardientes soles gemelos. Desde un laberinto de cavernas que encontramos en la periferia de la playa, observamos impotentes los restos de la nave hirviendo sobre la arena. Las noches son frías. Salimos de cacería y nos encerramos en la oscuridad nuevamente. Las posibilidades de un rescate, siendo optimistas; son ínfimas. Hasta ahora no hay indicios de vida inteligente y los únicos animales que vimos habitan en la oscuridad. La vegetación es escasa, excepto algunos cactus muy parecidos a los terrestres que conquistan la soledad del suelo desértico y de allí extraemos el agua diaria. Las grutas donde habitamos son frescas y estamos a gusto aquí. Excepto por el nauseabundo olor a pescado muerto y las desapariciones. Esporádicamente uno de los nuestros se esfuma sin dejar rastro. Vivimos nerviosos y no hay más opción que desaparecer o ser cocinados a la intemperie. La gruta comenzó un día a vibrar, en lo más caluroso del día. Cuando nos dimos cuenta ya era tarde, lo que creíamos una cueva, era en realidad un crustáceo que se alimentaba de quienes buscaban cobijo entre sus fauces. Las paredes se cierran sobre nosotros y sentimos un rugido hambriento, estamos perdidos, no hay salida.