Antes de haber llevado a la pantalla las aventuras de Robert Langdon y años después de haber dirigido Apolo 13, Ron Howard dirigió esta película, protagonizada por Russell Crowe, con quien ya había trabajado en A beautiful mind, papel que le valió el Oscar al famoso gladiador.
Cinderella man está basada en una historia real, la de James J. Braddock (Crowe), quien después de haberse retirado del boxeo profesional, vuelve al cuadrilátero en la época de la Gran Depresión. Este punto me pareció interesante porque corren años duros en el país, a James le cuesta conseguir y mantener un trabajo, y para poder alimentar a su familia, a su esposa Mae (Renée Zellweger) y a su hija, decide hacer lo que mejor sabe hacer: boxear. Sí, le gusta y es bueno, pero este regreso a las peleas va motivado principalmente por la pobreza económica que enfrentan. No busca la gloria, ni títulos, sólo busca conseguir peleas y que le paguen por pelear. Braddock no fue un boxeador con mucho talento en su juventud y ahora debe enfrentarse a contrincantes más jóvenes, más rápidos y en muchos casos, más fuertes. Básicamente se está ofreciendo como carne de cañón para que figuras más jóvenes se luzcan y se enrumben hacia algún título mundial, pero cuando vuelve al ring, James descubre que aún tiene dentro de sí mucho que dar.
La persona que lo ayuda a conseguir sus primeras peleas en el regreso es un viejo conocido, Joe Goud (Paul Giamatti en una gran actuación), quién está interesado en conseguir dinero, por supuesto, pero que también le brinda una mano amiga en diferentes ocasiones y le entrega consejos que James no siempre sigue. Es el mentor, esa voz de la conciencia que es bastante común en este tipo de cintas.
Siendo objetivos y honestos, la historia no es muy original. Es decir, está basada en hechos de la vida real y de alguna manera debe ceñirse a eso, pero si la juzgamos como película, como guión, como historia, resulta un clásico cliché de las películas sobre deportes. En béisbol, fútbol, automovilismo, baloncesto, nos gusta escuchar historias sobre personajes o equipos que contra todas las adversidades lograron imponerse y ganar un campeonato, o lograr algún tipo de hazaña cuando nadie lo esperaba. No suelo ver muchos dramas ligados al deporte, pero me gustaron mucho Moneyball, Rush (esta última también de Ron Howard) y Cinderella man porque aunque cumplen con los requisitos del mencionado cliché, la historia funciona, logrando conectar emocionalmente con el espectador que sabe que el protagonista va a triunfar, es más, lo espera; por eso cuando ocurre lo que deseaba, no le molesta lo predecible, sino que le regocija el cumplimiento de lo prometido.
No soy fanático del boxeo, creo que nunca he visto una pelea por gusto o placer (quizás haya visto fragmentos de alguna en casa de algún amigo, pero no lo recuerdo); sin embargo, siento que es un deporte que ha dado buenas peículas. Rocky, Hands of stone y esta Cinderella man hacen que no me sea tan desagradable una disciplina deportiva que en la vida real no me gusta por ser violenta. De la mano del director Ron Howard, las actuaciones de Crowe, Zellweger y un magistral Paul Giamatti y con un guión coescrito por Akiva Goldsman (I robot, The Da Vinci Code, I am legend, Oscar por A beautiful mind) esta es una película como las de antes, aquellas historias con adversidades, conflictos, derrotas entremedio pero finales felices, en las que los protagonistas consiguen sobreponerse a todo. No resulta sorprendente, no es una película que desafíe las fronteras de lo cinematográfico, es una historia que conecta emocionalmente con las personas y que, de alguna forma, les hace sentirse bien y pensar que si él pudo, yo puedo. Es una cinta cliché, sí, pero tambié inspiradora y disfrutable.