George Orwell es mundialmente conocido como el autor de dos de las novelas más celebradas del siglo XX: la distópica 1984 y la fábula Rebelión en la granja. Ambas denuncian el totalitarismo como sistema poítico supresor del hombre y de su libertad en todos los sentidos. Al leer esos libros, es evidente el compromiso político que tuvo Orwell con sus escritos, lo que se evidencia mejor en sus ensayos. Uno de ellos, escrito en 1946 y titulado Algunas consideraciones sobre el sapo común, comienza hablando de este peculiar animal que "nunca ha contado con mucho favor de parte de los poetas", pero acaba diciendo cosas más profundas.
"Cualquier placer en el proceso real de la vida estimula una suerte de quietismo político"
Así, sin contexto y viniendo de Orwell, pareciera un reclamo. Al encontrar placer en las pequeñas cosas, las flores, los animales, un amanecer, la melodía de una canción, el espíritu se regocija y encuentra gozo en la vida, lo que conduce, según Orwell, a una especie de satisfacción que le hace olvidar su condición desventajosa. "Panem et circenses", ¿cierto? Cuando una persona se siente bien con las pequeñas cosas, pareciera ser que no ambiciona más y ello puede conducir a una actitud resignada o conformista. "La inflación es elevada, el desempleo aumenta, los servicios no funcionan, los bienes de primera necesidad escacean, pero tenemos aire en nuestros pulmones y podemos ver el sol caer cada mañana, así que ¡qué bello es vivir!" Claro que acabo de dejar una frase exagerada, pero ilustra bien lo que alguno pudiera entender de la frase de Orwell. Ahora bien, nada más lejos de su intención y para demostrarlo, ampliaré el contexto de la frase:
"Ciertamente debemos mostrarnos descontentos [...] Sin embargo, si matamos el placer del proceso real de la vida ¿qué suerte de futuro estamos preparando para nosotros mismos? Si un hombre no puede gozar de la vuelta de la primavera ¿por qué tendría que ser feliz en una utopía ahorradora de mano de obra?"
Es decir, pronunciar nuestro descontento no tiene que ser sinónimo de frustración e infelicidad general. Tampoco de quietismo político, como lo llama Orwell, porque si una persona que lucha por mejorar las condiciones sociales, políticas y económicas que lo rodean, refleja esa insatisfacción en todos los aspectos de su vida, se volverá huraño, amargado y resentido. En cambio, como dice el escritor inglés "Si un hombre no puede gozar de la vuelta de la primavera ¿por qué tendría que ser feliz en una utopía ahorradora de mano de obra?". La felicidad va más allá de tener dinero, educación, viajes y comida sobre la mesa, tiene que ver con una actitud general ante cada cosa, lo que no contradice la insatisfacción. Se puede desear mejorar una situación aunque la misma se esté afrontando con una sonrisa en los labios; se puede sentarse uno a la orilla de un río, oír el murmullo de la corriente y aún así ver que hay sociedades injustas, gobiernos manipuladores y muchas cosas que tienen que mejorarse. Lo importante es que ni la lucha, ni el éxito de la misma, ni la condena de los perjuicios, son el proceso real de la vida, porque va mucho más allá.
Pensemos en Nelson Mandela, en Malala, en Greta Thunberg, sólo por nombrar algunos. Podemos recordar muchos de sus pronunciamientos, sus denuncias, discursos a favor de la protección ambiental, la educación, la integración de un país, pero también es fácil imaginarlos sonriendo, disfrutando de una pequeña flor en un jardín, reconociendo aspectos de la vida que están bien, que generan felicidad, sin por ello olvidarse de que hay mucho que mejorar en otros aspectos. Entonces, que quede claro que no hay nada condenable en celebrar la vida, el proceso real de la vida, a pesar de las adversidades; aunque las circunstancias no sean las mejores y estemos viviendo tiempos difíciles en los que se hace necesario alzar la voz, brindar una mano y luchar por mejorar la vida de los nuestros, no olvidemos que también es muy válido guardar silencio, meditar un instante, inhalar y dejar que el aroma del mundo nos llene los pulmones con una sensación de placer y de auténtica felicidad.