El vertiginoso ritmo con el que son consumidos los productos audiovisuales hoy día gracias a las plataformas de streaming, me hace suponer que la mayoría de ustedes ya vio esta película o sabe de ella. Se trata de uno de los estrenos más recientes de Netflix que ha dado de qué hablar, para bien y para mal, durante las últimas semanas.
Si El agente topo, reseñada por mí a inicios de mes, muestra lo dura, triste y solitaria que puede ser la vejez, aún dentro de una casa de cuidados destinada para las personas mayores, I care a lot juega con el negocio millonario que puede resultar la manipulación de los ancianos que requieren ser internados en este tipo de instituciones. Marla Grayson (Rosamund Pike) trabaja como tutora legal de personas que, clínica, psicológica y legalmente no pueden ocuparse de sí mismas (algo como el tutor que tenía Lisbeth Salander en The girl with the dragon tattoo, menos lasciva, aunque no menos perversa). El cuadro es este: un anciano senil que no puede cuidarse ni ser cuidado debidamente por su familia (por no poder o no querer) es tomado por Marla bajo su tutela y ella, además de ubicarlo en una casa de acogida, se encargará de administrar - pausa silenciosa - sus bienes. Esta figura existe en la ley de varios países. Un guardián, un tutor que vela por ti cuando no puedes velar por ti mismo.
Puede parecer altruista, pero no lo es porque Marla no tiene escrúpulos a la hora de beneficiarse de sus tutelados. Las riquezas de toda una vida de docenas de jubilados que ella ha tenido como tutora legal, han ido a parar a sus propios bolsillos. Un día, Marla y su compañera Fran (Eiza González) son informadas sobre Jennifer Peterson (Dianne Wiest), una gallina de los huevos de oro a la que pueden desplumar fácilmente y proceden con sus conocidas artimañas para internarla y quedarse con sus cosas. Sin embargo, la desorientada, confusa y débil anciana no es quien ellas creían y resulta ser cercana a un hombre peligroso (Peter Dinklage) que tratará de impedir que las tutoras se salgan con la suya.
La trama es buena. Al menos, su punto de partida lo es. Es inmoral, inescrupulosa, cruel, en cierto nivel es una apología al delito, tratando al crimen como una consecuencia de un sistema capitalista salvaje y todo lo demás... pero es buena. Tiene ritmo, te atrapa, te hace odiar a la dupla de mujeres que drenan las cuentas bancarias de ancianos frustrados por la impotencia de verse legalmente en las garras de Marla. La película inicia y la acción despega, la sorpresa, el drama, las risas, la emoción, todo se acentúa cuando vemos que Jennifer tiene un amigo muy poderoso y cuando sentimos que Marla recibirá su merecido. Roman no es el héroe. No hay héroe en esta cinta, todos son villanos. Están las protagonistas y el antagonista, pero todos son malos; para algunos quizás Roman es menos malo por el sentimiento que lo une a Jennifer, lo que lo hace lucir ligeramente más vulnerable que la supuestamente rígida, testaruda, fuerte e indeciblemente ambiciosa Marla Grayson (¿no les parece que hasta el nombre irradia autoridad y repugnancia?)
Pero después de haber despegado como un cohete, rumbo a la memorabilidad del cine, la cinta cae en picada como un dirigible de plomo (si entendiste la referencia, eres de los míos). No quiero mencionar la escena a partir de la cual la historia de vuelve absurda y nos hace levantarnos del asiento después de habernos tenido aferrados a él durante más de una hora. No sólo los acontecimientos se suceden en un sinsentido, sino que se desaprovechan algunos agregados de la primera parte (creo que se pudo haber aprovechado mejor el personaje de Jennifer) para terminar de manera insatisfactoria. Las actuaciones de los protagonistas son muy buenas y la interpretación de Pike como Marla es notable, pero en la lista de las películas que podían haber sido buenas si hubieran mantenido hasta el final el nivel del inicio, sin duda debe figurar I care a lot.
Si ya la vieron, dejen su opinión en los comentarios, digan si coinciden con mi opinión, o si por el contrario creen que la trama fue buena de inicio a fin; se trata de un espacio para compartir visiones, opiniones, similares u opuestas, para alimentar el debate y nuestro amor por el cine.