Una de mis lecturas más recientes fue el libro Conversación en Princeton, de Mario Vargas Llosa con Rubén Gallo. Escelente novelista y ensayista de primera, el peruano es uno de mis escritores favoritos de siempre y en esta obra en particular deja ver tres de los temas que más le apasionan: literatura, historia y política. Otrora de izquierda y actualmente de derecha, el pensamiento lúcido de Vargas Llosa reflexiona sobre muchos tópicos de una forma coherente y sustentada.
Sin embargo, las opiniones del autor de La fiesta del Chivo no están exentas de polémica y uno de los temas que toca en estos ensayos es la libertad de expresión. En una conversación con Philippe Lancon, periodista del Charlie Hebdo que sobrevivió al atentado islamista perpetrado en contra de esa publicación, ambos dan su punto de vista. Lancon dice:
" No podemos pensar en otras libertades ni entender cómo organizarlas si no tenemos la posibilidad de hablar libremente sobre ellas. Y esto deja de ser posible si pensamos que en ciertos casos incómodos la ibertad de expresión va 'demasiado lejos' "
Por eso, para él, la libertad de expresión es la primera de las libertades. Se puede decir más alto, pero no más claro, ¿cómo podemos conquistar libertades sobre un tema del que no podemos hablar o sobre los que hablar resulta ofensivo y delicado? Si se defiende el derecho de decir lo que uno quiera, debe estarse dispuesto a escuchar también lo que otros quieran decir, aunque a uno no le guste. Es un paradójico hablar sobre temas sensibles porque es un veto que se coloca sobre ciertos tópicos, contradiciendo la esencia de la libertad mencionada.
Pensemos en el humor y en la sátira como herramientas de reflexión sobre diferentes temas. Vemos una caricatura sobre un político, sobre un famoso y nos causa gracia, pero si la misma crítica va sobre una figura religiosa (Buda, Jesús, o cualquier otro) inmediatamente algunas risas callan porque uno no puede bromear con eso o porque esas cosas no se dicen (de hecho, unas caricaturas sobre el profeta Mahoma provocaron el atentado mencionado anteriormente). La pregunta es (retórica, por supuesto) ¿hay cosas que no pueden decirse? Porque si es así, entonces hablar de la libertad de expresión (plena) es una falacia, un sinsentido, ya que establece otro problema: ¿quién establece los límites? ¿quién está autorizado o potestado para mutilar la libertad de las cosas que pueden hablarse abiertamente y las que no?
Por el contrario, si en verdad se desea la libertad de expresión, entonces no debería haber ningún tema sobre el cual no se pueda conversar. Ninguno. Por incómodo que sea, en honor a esa libertad, debería haber espacio para decir cualquier cosa. Ante el planteamiento del periodista francés, Vargas Llosa complementa:
"[La libertad de expresión] es la única garantía de que las otras libertades puedan existir en sociedad"
Si no se puede cuestionar una religión, todas, ¿cómo defender el derecho al libre credo, incluso a no creer en nada? Si las personas evitan hablar del aborto, de los preservativos, de las relaciones sexuales en la adolescencia, ¿cómo podemos defender esos temas? Si nos incomoda hablar de los trans, queers, gays, bisexuales, lesbianas, ¿cómo podemos aspirar a que realmente exista libertad de género? Necesitamos poder hablar de lo que sea con quien sea, es lo que implica buscar la libertad de expresión. ¿Tarea sencilla? para nada, porque no todas las opiniones son positivas o edificantes y si todos tenemos el derecho de expresar nuestra opinión, entonces también la tiene el criminal, el asesino, el psicópata, el político, el irresponsable, el aprovechado, el poderoso, etc., y podemos encontrarnos en medio de temas filosos como el porte de armas o el tráfico de personas. Estando allí, alguien dirá "eso no se puede decir" y volveremos al principio.
Más que resolver la cuestión, lo que busco es llamar a la reflexión sobre el tema para que cada quién se evalúe a sí mismo y se defina de qué lado está. Después de leer estas pocas ideas, ¿crees que hay que poder decir lo que sea porque si no la libertad de expresion no sería real? ¿o eres de los que piensa que para conservar esa libertad es necesario imponerle límites sobre ciertos temas sensibles? Y de ser así, ¿cómo podemos establecer esos límites? Los leo en los comentarios.