¡Hola comunidad! Hoy quise hacer un #deepdive en uno de los problemas más llamativos de la economía cubana y a la vez uno de los menos debatidos. En Cuba el estado promueve a toda máquina una transición hacia los pagos en línea, buscando disminuir el costo del dinero y a la vez un mayor control de los flujos de efectivo. Estos dos objetivos deberían volver la economía en su conjunto más manejable desde el punto de vista macro, pero la realidad es que no se producen avances en ningún sentido perceptible.
¿Por qué le resulta al estado tan difícil imponer el dinero electrónico, a pesar de todo su poder normativo y fiscalizador? La respuesta es larga y compleja, por lo que comenzaré analizando los objetivos de partida.

Por costo del dinero me refiero por ejemplo a los costos de impresión, distribución, almacenamiento y reemplazo de los billetes, aunque no son los únicos costos asociados al efectivo. El tiempo empleado por una persona o máquina que cuenta billetes o monedas se traduce en un costo adicional de operar con el efectivo físico, pues a la persona que cuenta dinero hay que pagarle por su trabajo y la máquina hay que comprarla y asignarle un operador que a su vez devenga un salario.
Todo esto tiene por consecuencia que operar con dinero en efectivo físico es cada vez menos atractivo. El dinero electrónico es mucho menos costoso en términos de operación: no hay que imprimirlo, transportarlo, almacenarlo, contarlo ni reemplazarlo. La respuesta obvia es entonces el paso a marcha forzada hacia el dinero electrónico, lo que en teoría volverá mas eficiente la gestión bancaria cubana de forma global... o esas son las aspiraciones.
El otro objetivo es un mayor control de los flujos de efectivo, pues a medida que el país se abre a las empresas privadas crecen de forma exponencial la evasión fiscal y la actividad económica ilícita. El dinero electrónico es fácilmente rastreable (o al menos la versión cubana lo es y será), luego todo se reduce al análisis de grandes sets de datos bancarios. Con métodos modernos de procesamiento e inferencia estadística es sorprendente lo mucho que hablan los fríos números. En un sistema bancario estatal que opere únicamente con dinero electrónico no hay forma aparente de esconder la actividad económica ilícita (la realidad es más compleja, pero eso escapa al alcance del presente artículo.
Para matar dos pájaros con la misma piedra el gobierno cubano presenta su bala de plata: una marcha forzada hacia los pagos en línea y el dinero electrónico. Pero resulta ser que varios años después y a pesar de varias facilidades y descuentos al uso de los pagos electrónicos, la penetración de estos en la población es mínima. Se ha recurrido a medidas de fuerza como imponer el pago electrónico de todos o casi todos los salarios, pero aún así la cosa no marcha bien. ¿Qué sucede entonces?
Los problemas son varios, comencemos enumerando los más simples y dejemos los más complicados para el final.
1: Tener un smartphone relativamente moderno es un lujo en Cuba.
Este no es un problema menor. En Cuba hay proximadamente 7 millones de líneas móviles activas y ETECSA reconoce poco mas de 5 millones de usuarios de Transfermóvil (plataforma de pagos electrónicos más popular del país), todo esto en una población cercana a los diez millones de habitantes. Es decir, que hay unos dos millones de personas con línea que no son usuarios de Transfermóvil, es seguro asumir que una buena parte es por tener móviles obsoletos y el resto por tratarse de niños o ancianos.

El actual teléfono de mi padre, un Samsung J2 Core que fuera mío de 2019 a 2023 y que llegó a mis manos como regalo de cumpleaños de una de mis tías.
Un smartphone escapa a toda posibilidad real de compra por parte de un trabajador cubano, cuyo salario medio es de 6506 pesos cubanos (CUP) según estadísticas oficiales, que al cambio informal (único existente y funcional) de 390 CUP por 1 USD son aproximadamente 16 dólares con 68 centavos. Saque usted sus propias conclusiones.
Como puede ver, con esos salarios nadie debería tener un smartphone en Cuba, pero por suerte o desgracia, la economía informal viene al rescate.
2: En el campo todo queda lejos.
En el campo cubano las sucursales bancarias quedan lejos, muy lejos, sobre todo por el estado deplorable del transporte. Para ir a la sucursal bancaria más cercana hay que perder un día de trabajo, porque la cola en el banco será horrenda. También está el hecho de que solo te permiten extraer una cantidad muy limitada de efectivo, por lo cual, en la balanza esfuerzo-recompensa, perder un día de trabajo para hacer cola en el banco prácticamente no tiene ningún incentivo excepto la necesidad imperiosa de efectivo.
También podemos mencionar la escasa y muy mala cobertura celular en el campo cubano, que vuelve los pagos en línea poco menos que imposibles y mucho más que inútiles.
3: Los apagones.
Es común en Cuba que los apagones interrumpan el servicio de cobertura móvil. Esto es particularmente importante porque en cualquier lugar que no sea La Habana los apagones pueden durar fácilmente más de 20 horas para luego recibir solo 4 o 5 horas de servicio eléctrico.
4: "El sistema presenta dificultades".
"El sistema presenta dificultades en estos momentos" es toda la explicación que se emite cuando hay interrupciones o inestabilidades en la operatividad de las pasarelas de pago. Dicha inestabilidad es infrecuente pero cuando sucede el impacto es paralizante. He pensado que los problemas pudieran deberse a hackeos no admitidos. Entre la falta de conciencia sobre la necesidad de seguridad y la obsolecencia tecnológica imperante en los bancos, los supuestos hackers no tendrían difícil el asunto.
5: La mafia cambiaria, capisce?

Hace ya algún tiempo el principal proveedor de bienes de consumo a la población dejó de ser el estado. El vacío lo llenaron poco a poco las empresas privadas en un pulso desigual a varios niveles:
desde el punto de vista regulatorio el estado se muestra bastante agresivo, sobre todo mediante la inestabilidad del marco regulatorio
desde el punto de vista de la oferta las empresas privadas han tenido poca competencia y muy mal organizada.
La piedra de toque de este equilibrio inestable radica en que las empresas privadas venden sus bienes en moneda nacional (el maltratado CUP), pero adquieren dichos bienes en dólares (imperator USD). La oferta de dólares del estado a la empresas privadas, es decir dentro del marco legal, es largamente irrelevante. Luego tienen que adquirir las divisas en el mercado "informal".
¿Recuerdan que uno de los objetivos de la transición hacia los pagos electrónico era controlar mejor los flujos de efectivo? Resulta que los vendedores [ilegales] de dólares lo saben y en consecuencia no aceptan pagos electrónicos ni transferencias bancarias. Estos métodos dejarían un proverbial rastro de migajas que tarde o temprano (sin importar el nivel de incompetencia que pueda existir en el sistema bancario cubano), pondrían al descubierto a dichos traficantes de dólares. El esfuerzo para probar su tráfico y arrestarlos sería mínimo.
Por la razón antes expuesta ningún vendedor de dólares que tenga al menos dos neuronas funcionales aceptará otra cosa que no sea efectivo. El efectivo es crucial para mantener este precario equilibrio en que todos las empresas privadas que adquieren bienes en dólares infringen la ley a diario. Esto es un secreto a voces, uno que no se discute ni analiza a ningún nivel, pero no por ello deja de ser importante.
Para que se tenga una idea de la dimensión del problema haremos un pequeño ejercicio demostrativo. En Cuba existe una escala explícita en cuanto a la clasificación de los asentamientos urbanos: en el primer rango reina sola e indiscutida La Habana, en el segundo rango están las cabeceras provinciales, y en el tercer rango las cabeceras municipales.

¿Es que habrá luz al final del pasillo?
Vivo en Cumanayagua, cabecera municipal y por lo tanto ciudad de tercer rango, que tiene aproximadamente 24 mil habitantes en la ciudad y otros 24 mil en zonas rurales. Un comerciante local me dijo un día haber realizado una compra de cerveza por un monto superior al millón y medio de dólares, lo cual es creíble por los volúmenes que trasiega mensualmente y en todo caso erra hacia el lado de la modestia.
1 500 000 USD al cambio de aquel momento (1 USD = 350 CUP) equivalía a 525 000 000 CUP. En billetes de a mil (la mas alta denominación del CUP) esta cifra de 525 millones de pesos cubanos equivale 525 000 billetes de a mil, que organizados en fajos de a cien billetes equivale a 5 250 fajos.
5 250 fajos de billetes de a mil (cada fajo contiene 100 billetes), literalmente implica más de un saco de dinero. Para contar eso hace falta una máquina y varias personas, por eso, entrenotras cosas, digo que se trata de una mafia cambiaria, porque implica a varias personas muy bien organizadas.
Pensemos por un momento que si nuestro comprador de cerveza emplea billetes de a 500 CUP para su compra de dólares, se duplica el volumen físico de billetes que tiene que acarrear. Si emplea billetes de a 200 CUP el volumen de billetes acarreados se quintuplica, y así sucesivamente. Ahora, para comparar, piense que cuando usted va a una sucursal bancaria a convertir su dinero electrónico en efectivo, si tiene mucha suerte podrá retirar unos 5 a 10 mil pesos.
Por todo lo hasta ahora expresado, el vendedor de dólares solo acepta pagos en efectivo y en billetes grandes. Como consecuencia primera, las empresas privadas privilegian el dinero en efectivo y hacen toda la resistencia posible a la aceptación de los pagos electrónicos. Como consecuencia segunda, la población, que compra sus bienes de consumo a las empresas privadas privilegia el uso del efectivo. Como consecuencia tercera, podemos afirmar con toda seguridad que la transición cubana hacia los pagos electrónico no tendrá éxito... a menos que algo modifique drásticamente el panorama antes descrito.
El estado se encuentra en una situación muy delicada, si altera estas realidades con su empuje hacia el dinero electrónico, corre el peligro de que la circulación mercantil se interruma. Si permite que el statu quo perduere el dinero se seguirá acumulando en cantidades astronómicas en manos de las empresas privadas y la mafia cambiaria.
¿Tiene dolor de cabeza después de leer esto? ¡Bienvenido a la tierra de lo real maravilloso!

Hello, community! Today, I wanted to do a #deepdive into one of the most striking issues in Cuba’s economy, and yet, one of the least debated. In Cuba, the state is aggressively pushing for a transition to online payments, aiming to reduce the cost of cash while increasing control over monetary flows. These two goals should, in theory, make the economy more manageable from a macroeconomic perspective. Yet, in reality, there has been no perceptible progress.
Why is it so difficult for the state, despite all of its regulatory and enforcement might, to impose electronic money? The answer is long and complex, so I’ll start by analyzing the initial objectives.

By cost of money, I’m referring to expenses like printing, distribution, storage, and replacement of banknotes, though these aren’t the only costs associated with cash. The time spent by a person or machine counting bills or coins translates into an additional operational cost. After all, the person counting money must be paid, and the machine must be purchased and operated by someone who also earns a salary.
All of this makes physical cash increasingly unattractive. Electronic money is far cheaper to operate: it doesn’t need to be printed, transported, stored, counted, or replaced. The obvious solution, then, is a forced march toward digital payments, which should, at least in theory, make Cuba’s banking system more efficient... or so the aspiration goes.
The second objective is greater control over cash flows, as the country’s opening to private businesses has led to an exponential rise in tax evasion and illicit economic activity. Electronic money is easily traceable (or at least, the Cuban version is and will be), reducing everything to the analysis of large banking datasets. With modern statistical processing and inference methods, the "cold numbers" can be surprisingly talkative. In a state-run banking system operating solely with digital money, there’s no apparent way to hide illicit economic activity (though reality is more complex, but that’s beyond the scope of this article).
To kill two birds with one stone, the Cuban government presents its silver bullet: a forced transition to online payments and electronic money. But years later, despite various incentives and discounts for digital payments, adoption remains minimal. The state has resorted to coercive measures, such as mandating electronic salary payments, yet the situation remains stagnant. So, what’s going on?
The problems are numerous let us start with the simplest and save the most complicated for last.
1: Owning a Relatively Modern Smartphone Is a Luxury in Cuba
This is no minor issue. Cuba has about 7 million active mobile lines, and ETECSA (the state telecom) reports just over 5 million users of Transfermóvil (the country’s most popular digital payment platform) in a population of nearly 10 million people. That means around 2 million people with mobile lines who are not users of Transfermóvil, some because they have outdated phones and the rest because they are are children/elderly.

My father's current phone, a Samsun J2 Core that was mine from 2019 through 2023, a birthday gift from one of my aunts.
A smartphone is virtually unaffordable for the average Cuban worker, whose monthly salary is 6,506 CUP (Cuban pesos), about $16.68 at the informal exchange rate (390 CUP = 1 USD). Draw your own conclusions.
With such wages, no one in Cuba should own a smartphone, but fortunately (or unfortunately) the informal economy comes to the rescue.
2: In the Countryside, Everything Is Far Away
In Cuba’s countryside, bank branches are distant, very distant, especially so given the abysmal state of public and private transportation. Going to the nearest bank means losing a full day of work due to horrendous waiting lines. On top of that, cash withdrawals are severely limited, making the effort-reward balance of hoing to make a cash withdrawal nearly pointless, unless there’s an urgent need for cash.
We should also mention the poor (or nonexistent) cellular coverage in rural Cuba, making online payments nearly impossible and utterly useless.
3: Blackouts
Power outages in Cuba frequently disrupt mobile service. This is especially critical outside Havana, where blackouts can last over 20 hours, followed by just 4-5 hours of electricity.
4. "The System Is Currently Experiencing Difficulties"
This is the standard explanation when payment gateways fail. While instability is infrequent, when it happens, the impact is paralyzing. I suspect these issues could be due to unreported hacking attempts. Given the lack of cybersecurity awareness and the outdated tech in Cuban banks, hackers wouldn’t have much trouble.
5: The Currency Mafia, Capisce?

A while ago, the state stopped being the main supplier of consumer goods, and private businesses gradually filled the gap through a struggle that has been uneven in several ways
fron the regulation front the state remains aggressive, with a persistent regulatory instability
from the supply front private businesses face little and poorly organized competition.
The crux of this unstable balance? Private businesses sell goods in CUP but acquire them in USD. The state’s legal supply of USD to private businesses is practically irrelevant, forcing them to obtain dollars on the black market.
Remember how electronic payments were supposed to improve cash flow control? Well, illegal USD sellers know this, and accordingly refuse any digital payments or bank transfers, which would leave a proverbial crumb trail. Sooner or later (regardless of banking personnel incompetence), this would expose them.
No USD trader with at least two functioning brain cells will accept anything but cash. Cash is essential to maintaining this precarious balance where all private businesses buying goods in USD break the law on a daily basis. This is an open secret, never discussed, yet critically important.
To illustrate the scale of the problem, let’s do a quick exercise. In Cuba there is an explicit urban hierarchy that pretty much goes like this: Havana reigns alone and undisputed at the first rank, then come Provincial capitals, and finally we have Municipal capitals at the third tier.
There will be light at the end of the tunnel?
I live in Cumanayagua, a third-tier city with around 24,000 urban and some more 24,000 rural residents. A local merchant once told me he purchased $1.5 million worth of beer cans, a believable figure given his monthly volumes, if anything it falls on the side of modesty.
At the time 1 USD traded at 350 CUP, therefore $1.5M equals 525M CUP. In 1,000 CUP bills, that makes 525,000 bills. Bundled in 100-bill stacks, that’s 5,250 stacks.
Literally, more than just one sack of cash. Counting this requires machines and multiple people, hence why I call it a currency mafia: several people organized to do an activity considered illegal.
Now, imagine if the buyer used 500 CUP bill, that alone doubles the physical volume of bank notes to carry around. If he uses 200 CUP bills it quintuplies it. Meanwhile, if you go to a bank to withdraw cash, you’re lucky to get something around 5,000 to 10,000 CUP.
Thus, USD sellers only accept large-denomination cash. First consequence: private businesses prioritize cash and resist digital payments. Second consequence: consumers buying from these businesses prefer cash. Third consequence: Cuba’s transition to digital payments will inevitably fail unless something drastically changes.
The state is in a tight spot: if it pushes too hard for digital money, goods commerce could collapse. If it maintains the status quo, cash will keep piling up in private hands and the black market.
Got a headache after reading this? Welcome to the land of the real marvelous!

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