Alguna parte de mi siempre supo cómo terminarían las cosas.
Quizá, en algún momento, decidí ignorar el daño que me harías sólo por querer sentir tu calor.
Quizá, la necesidad nunca se convertiría en arrepentimiento.
Alguna parte de mi siempre supo que nunca en mi vida volvería a encontrar semejante belleza, semejante delirio.
Quizá, el vibrante resplandor de tu inquietud sea lo que me llama.
Quizá, sea tu incertidumbre la que toca mi puerta.
Son tus destellos oscuros, tus rayitos de luz, la calidez de tu cuerpo y el delicado anhelo de tus manos.
Son tus sonrisas espontáneas, la inocencia que se haya en tu atrevimiento, la pureza de tus ojos y la fuerza de tu ser que pide a gritos ser observado.
Alguna parte de mi siempre supo cómo terminarían las cosas y aún así decidí envolverme en tu red de mentiras disfrazadas de caricias.
Quizá fue tu mirada -y la mía- que derrumbaba cada uno de los muros que se atravesaban.
Quizá fue el tenerte en sueños y el recordar cada uno de tus demonios.
Y después ya no quedaba nada.
Sólo quedó vacío.
Vacío y promesas rotas.
Entonces me vestí de sombras, de sueños, de dolores y de pasiones.
Me vestí de preocupaciones y me fui en busca de una luz que nunca estuvo en otro sitio más que en mi interior.
Una canción: