Esta invitación de me ha dado mucha gracia, leyendo sus posts, me reía e inevitablemente viajaba a mis recuerdos, así que con gran emoción participo en esta hermosa convocatoria que hace
. Para los dos muchas gracias.
Tengo la dicha de ser la 5ta parte de una “camada”. Utilizo esta palabra porque, cuando niña, donde llegaba mi mamá con su “tropa”, como también nos llamaban, alguien invariablemente preguntaba: ─ ¿Y, cómo está la camada?─. Entre nosotros, la diferencia de edad es de solo un año entre unos y otros, por lo que mi niñez estuvo llena de compañía, juegos, bailes, camaradería y unas que otras peleas.
Recuerdo que vivíamos en Caracas, en un apartamento muy amplio y su sala en las tardes-noches se convertía en un ambiente de juegos, taller de costura para trajes de muñecas, sala de lectura o salón de baile, entre otros.
La música siempre fue un recurso, que usaba mi mama, para distraernos dentro del hogar. Así que compraba discos de canciones infantiles y con esa pequeña escuelita de sus 5 alumnos cantábamos, bailábamos y reíamos a cada rato.
Uno de esos discos, que recuerdo con cariño, traía canciones como: Antón Pirulero, En el puente de Aviñón, Palomita blanca, entre otras. La que más me gustaba era Antón Pirulero porque era una ronda en la que marchábamos y en cada parada hacíamos una representación de algún oficio, a mí en lo particular, me encantaba hacer de maestra y cantante.
Acá, una versión de esa sencilla ronda, que tantas tardes alegró, a cinco niños traviesos.
Recordando aquellos momentos no puedo dejar de bendecir y agradecer a mi mamá, por habernos proporcionados tan gratos momentos y a mis hermanos por haber estado allí. ¡Los amo familia!