Holis a todis.
Este es un cuento que se me ocurrió tras hablar de una película de nuestra infancia y que nos motivó a escuchar música y ver series y películas en otros idiomas.
Inventos
Al ser hijo de un ingeniero y de una profesora de física, se esperaba que Kjell que se dirigiera a las academias, más específicamente, a alguna de las carreras de sus padres.
Lamentablemente para él -y para ellos- los números no le sonaban a nada. La sola idea de tener que resolver cuentas o ensamblar o reparar algo sonaba a tortura.
Sus padres casi que sentían vergüenza y no querían hablar con sus colegas -tantos los que eran amigos como los que eran antagonistas dentro del vientre de la facultad.
Les incomodaba tener que pedir ayuda a gente ajena a sus círculos para que Kjell pasara los exámenes de matemáticas, física y química. Ellos podrían haberse encargado, pero como ya tenían tantas ocupaciones encima, tuvieron que delegar esa tarea a alguien más.
Tras una clase traumática sobre el teorema del valor medio y del Teorema de Picard, Kjell corrió a esconderse en su cuarto donde tenía una pizarra para practicar sus ejercicios de tortura y burla hacia los límites de su interés y sus capacidades.
Kjell tomó una tiza y empezó a dibujar signos que había visto en un cuaderno de lingüística de un conocido de su padre. Le tenía un gusto y cariño a esos símbolos que todos usaban al hablar y en los que nunca reparaban a no ser que fuesen a estudiar lingüística o tuviesen que esforzarse por hablar correctamente.
Para analizar textos a un nivel más profundos, sin tocar cosas como el significado o el sentido, sino más bien para detectar patrones del lenguaje natural, tuvo que estudiar lingüística estadística. Esto le hizo enfrentarse a su némesis, pero resistió las ganas de salir corriendo.
Ahora, lejos de todo lo que tenga que ver con ciencias formales, Kjell destaca como lingüista e inventor de idiomas por encargo.