La tormenta se detiene,
el reloj no marca las horas;
las flores no tienen fragancia
y el sol,
ya no es el centro de nada.
Castillos de arena colapsan;
gotas se derraman de vasos vacíos;
los gigantes han sido vencidos
y las ganas,
se mueren de vicios.
El silencio domina la penas;
las miradas no son cruzadas;
las hojas mueren en el árbol
y el agua,
se pudre en los pantanos.
Todo
queda inmortalizado,
con un beso de adiós;
de esos que da dios
a su peor enemigo,
con tanto amor
que parece castigo.
-Dann Axkaná