Mi habitación está decorada de escarcha, luz tenue, una cama vestida de rojo y yo tendida semidesnuda esperándote. Puedes entrever sensualidad y cuando tus deseos estén al borde a punto de tocarme, viene la oscuridad, y de pronto despiertas en una habitación con puerta y cama de hierro y una sombra sobre ti consumiéndote hasta los huesos.
¡Te lo advertí, una vez que entras no podrás salir!
Eran las palabras de Lucía de 16 años, quien devoraba a sus clientes cada 11 de diciembre, llevándose consigo las almas podridas al infierno desde que fue asesinada, víctima de la pornografía infantil.