“Caminando entre Leones”
(Segunda Parte)
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—¡¿Qué estás haciendo, Nox?!—
Me espetó Reyven.
—¡¿Pues no ves?! Abriendo el portón, no me pienso quedar aquí, Reyven. —
No sé si caí en locura o fuera de mis cabales, pero todo lo que estaba sucediendo me excitaba, quería saber que había más allá, qué se encontraba detrás de aquel peculiar portón.
—¿No te das cuenta Reyven? La vida nos está entregando una oportunidad única, como ninguna otra, jamás. Cada día me levanto de la cama para vivir una vida llena de rutinas y dónde la monotonía es el pan diario que alimenta nuestros espíritus ¿Acaso tú no has sentido ese sopesar que con la llegada del sol te carcome el alma, ese sopesar que alimenta tu tristeza y acaba por eliminar tus ganas de vivir? Reyven, observa a tu alrededor ¿No sientes curiosidad por saber cómo terminará todo esto? —

—Sí, Nox. Todo cuanto dices lo he sentido, tengo por testigo al silencio de mi alma. —
Me respondió Reyven con una carga de añoranzas en su voz.
— Pero ¿Y si detrás de estas puertas, se encuentra el abrazo frio de la muerte? —
Su rostro denotaba preocupación.
—Pues entonces, la abrazaré con una sonrisa. —
Le respondí a Reyven con una emoción que no podía apartar de mi rostro.
— Ya estoy cansado de desperdiciar mi vida en un círculo que cada vez se estrecha más. Lo que esté detrás de este inmenso portón lo averiguaré. —
—Mírame, Nox, yo no tengo ese espíritu tan formidable como el tuyo. —
Me comentó Reyven con su vista perdida en el pavimento.
— Además, ése papel dice claramente que debemos separarnos y éso inunda mis fuerzas en temor. Tú siempre has estado un paso delante de mí, y siempre te he visto como un hermano mayor, junto a ti siento que puedo lograr lo imposible, tú siempre me das el valor y el coraje de seguir en pie. —
Sus ojos estaban cristalizados por las lágrimas que él mismo trataba de impedir que salieran.

—Hagamos algo Reyven. —
Comencé a mirar a mi alrededor hasta visualizar una piedra del tamaño de mi puño, fui y la busqué.
—¿Qué haces? Tú siempre con tus extrañas ocurrencias. —
Me indicó Reyven.
Agarré la piedra y con ella le propiné un golpeé al reflector de plástico que va guindado en orquídea de la bicicleta.
El impacto hizo que trozos de plástico cayeran al piso, agarré el más grande de ellos y me acerqué a Reyven, le dije:
—¿Qué piensas hacer con ese pedazo de plástico? —
La duda se reflejaba en el semblante de Reyven.
—Si confías en mí como has dicho, me darás tu mano. —
Le repuse a la brevedad.
Me dio su mano, y con rapidez le hice un corte con el pedazo de plástico en la palma.
Reyven gritó, me dirigió una mirada molesta, su gesto denotaba que me diría unas cuantas cosas, cuando me observó que yo también me corte la mía, se calmó un poco.
Acto seguido, agarré su mano cortada y le di un apretón con la mía, le dije:
—Juro por la vida y por la creación que, si al llegar al final de esta travesía no te encuentro, regresaré para buscarte. Juro que no desmayaré ni moriré sin antes volverte a ver. Este es un pacto de sangre y un lazo que ni siquiera el destino podrá romper, este es un pacto de hermanos, de amigos, un pacto cuyo lazo es nuestra sangre unida. Y si no cumplo esta promesa, que sean estas mismas palabras y esta sangre derramada la que sea mi juez y dicte la sentencia de mi muerte —
Reyven estaba sorprendido. Y en el momento preciso cuando lo iba a soltar, él sujetó mi mano con aún más fuerza y dijo:
—Juro por la vida y por la creación que, si al llegar al final de esta travesía no te encuentro, regresaré para buscarte. Juro que no desmayaré ni moriré sin antes volverte a ver. Este es un pacto de sangre y un lazo que ni siquiera el destino podrá romper, este es un pacto de hermanos, de amigos, un pacto cuyo lazo es nuestra sangre unida. Y si no cumplo esta promesa, que sean estas mismas palabras y esta sangre derramada la que sea mi juez y dicte la sentencia de mi muerte —
Ambos sonreímos y nos abrazamos.
—Nos veremos al final. —
Le dije a Reyven.
—Tú toma el camino de la derecha, yo iré a la izquierda. —
Me indicó.
—Nos veremos al final, Nox. Cuídate Hermano. —
—Tú también cuídate Reyven. —

A continuación, abrimos el portón, nos montamos en nuestras bicicletas y al entrar una luz intensa no nos permitía ver con claridad, luego de un momento pudimos observar que estábamos al principio de un terreno de tierras áridas.
La noche había abrazado con su manto al día, pero no estábamos solos, Selene estaba alumbrando nuestro andar, esa luna que nunca se aparta de aquellos que la necesitan, nos iluminaba desde un cielo tupido de hermosas estrellas, parecía que con alzar tus manos podrías tocarlas.
Reyven me miró y tomó su camino, sabía que llevaba un nudo en la garganta, no quería despedirse, ni mucho menos yo.
Y así comencé mi viaje.

Pedaleé por mucho tiempo hasta más no poder, no le encontraba fin a este lugar, descansaba cuando ya mis fuerzas desmayaban y volvía a seguir, sentía sed, mis labios estaban cuarteados y mi garganta reseca. Noté que algo extraño sucedía, no llegaba al punto de desespero por agua, podía soportar mi estado y continuar sin ningún problema.
Fue la noche y la mañana y aun así no había señales de que algo cambiara, sucesivamente pasaron uno, dos, tres y cuatros días y aun nada, no ocurría nada.
Me sentía frustrado y hastiado de aquel lugar, hubiera preferido mil veces enfrentarme a la muerte antes de que algo así sucediera.

Grité a la nada:
—¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAH! ¡QUIERO CONTINUAR! ¡NO SEGUIR EN ESTA MALDITA RUTINA! —
Me tiré en el piso, al rato de estar así, percaté que el sol no producía calor alguno.
— Qué extraño —
Pensé.
Alcé mis manos al cielo y al darles la vuelta vi la cicatriz de aquella promesa.
—No hay tiempo para estar perdiendo el control, Nox. —
Me dije.
—Recuerda tu promesa. —
Me levanté y al hacerlo quedé atónito, había un león al lado de mi bicicleta. El corazón se me sobresaltó de cero a mil pulsaciones por segundo en un pestañeo.
El león era igual de alto que mi bicicleta, pero mucho más largo, su melena era rojiza; se movía sin la influencia del viento. Sus ojos eran completamente negros, el cuerpo de aquel animal era formidable, una de sus patas podría matarme en un instante.
—Escucha con atención pequeño humano. —
Aquel león comenzó a hablar, la impresión fue abrumadora. Traté en lo que pude de calmarme.
— En este lugar se te pondrá a prueba, nosotros decidiremos si dejarte continuar o sencillamente abandonarte a tu suerte. Te has tardado bastante para entender que no podrás enfrentar esto con tus propias fuerzas. Esa marca, la que llevas en tu palma, esa promesa es la razón del por qué yo esté aquí. Deberás continuar a pie, este artefacto se quedará justamente aquí, caminaras, porque el suelo que pisas no pertenece a tu mundo. Te encontrarás a muchos de mi especie, algunos querrán enfrentarte, pero tú le dirás que Spes te ha enviado. Te espero en la siguiente prueba. —
En un abrir y cerrar de ojos el león había desaparecido. A decir verdad, no puedo negarlo, me estaba fascinando todo lo que estaba ocurriendo.

Comencé mi marcha, al llevar cierto tiempo caminando, leones comenzaron a visualizarse desde lejos, con cada paso los veía más y más cerca. Llegué a un punto donde mi andar me llevó a caminar entre leones, ellos me miraban fijamente, muchos estaban escuálidos, otros muy mal heridos y solo pocos se encontraban con buen aspecto. Lo cierto es que eran miles de millares, a diferencia de Spes, los ojos de estos leones eran verdes oscuros.
Algo captó mi atención, a lo lejos veía a un león correr en dirección hacia a mí. Me temblaba hasta el alma. El miedo me recorrió el cuerpo desde los pies a la cabeza.
Aquel león ya estaba frente a mí.
—Soy Timor, amo y señor de estas tierras. —
Todos los leones comenzaron a rugir.
Continuará.

Lector:
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Te espero en la próxima entrega.
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También te hago la invitación para que leas este otro relato de mi autoría, que lleva por título:
"Conversando con el Demonio"

Contenido 100% Original exceptuando las siguientes fuentes:
Fuente de la imagen del león
Fuente de la imagen del portón