Llega ese alguien quien era nuestro todo y nos destroza el alma. Entonces, quedamos huecos por dentro o muertos en vida.
Estoy sepultado entre tu ego y tu orgullo,
y junto a mí,
una rosa, representa nuestra felicidad.
Primero me arrojaste al abismo de la terquedad;
no hubo “pero” que me salvara de ser lanzado.
Caí a tal velocidad,
que mis argumentos
quedaron desmoronados
al impactar contra tu indiferencia.
En ese instante,
Llegó la muerte vestida de olvido
y me arrastro hasta echarme
fuera de tu corazón.
Ahora,
el alma de mis besos vaga
errante, en labios ajenos.
Mis caricias son atormentadas
por pieles decoradas con desamor.
Me ahogo en un océano repleto
de cariños ficticios, donde el querer
está a la orden del mejor postor.
Mi terquedad espera impaciente
para intentar lo que ya de por sí,
será un fracaso.
Te he perdido en el limbo de las añoranzas;
inalcanzable, inefable e intocable;
ángel vestido de piel.
Tu luz, dejó en inmensa oscuridad
mi existencia.
Me transfigure en una cicatriz
mal curada en tu alma.
Bocanada del destino al destajo
que te mintió;
la vida abominaba este amor.
Toda esperanza yace marchita
en el sepulcro de los sueños,
de tus sueños,
de mis sueños,
de nuestros sueños.
