Es tan tierna tu mirada
que parece mentira,
que estando callada
desatas en mí la ira.
Lo que nadie puede creer,
aquella carita de angel
sin retirarse y sin perder,
desata en un instante un tropel.
Frágil como una flor
que se abre en la mañana,
mostrando un rubor
que a todo el campo engalana.
Pobre de aquel que haya caído
en el embrujo de tu encanto,
mas le valía haberse ido
para evitarse un mal rato.