Como todos los días, esperó a que saliera el sol para ocupar sus brazos y su mente en el trabajo del jardín.
Su deseo más profundo era proseguir con voluntad la tarea de mantener el jardín creado por su madre años antes de morir. Para ella las flores y los árboles frutales siempre fueron un motivo de alegría, tuvo una vida muy cerca de la naturaleza, de las plantas.
Seguramente haber nacido en una época aún de temprano desarrollo urbano, la hacía sentir la necesidad de rodearse de verde cotidianamente.
Así que él, como una manera de estar con ella, cultivaba ese jardín sin descanso, con gran dedicación.
Pero esa mañana, un instante en que se sintió cansado, se sentó. Entonces vio la mariposa que se posaba en las flores, y supo que ella seguía rondando por su amado jardín.
La foto es propia.
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